3 poemas por Javier Martínez Martínez

I.

2 años

Un agudo vibrar en el marco de la noche,
y tus pequeños ojos que notan el temblor y lloran,
y el sudor en tu piel de ébano
por la fiebre.

Una carrera corta, una larga espera,
en la ciudad que duerme y calla
al filo de la noche, exhausta.

No dirás quizá mamá – no llegarás a decirlo-,
pero tu voz traspasará la sangre y la arena.

II.

11 años

Los ansiados ojos verdes que siembran
mi mente de grana y algas,
y mi corazón, pequeño y falto
de descanso,
de esperanza.

No tengo casa en avenidas,
de plata y blanca piedra,
al pie de la civilización del color
de la piel y la raza.

Yo que soy afortunado
tengo el sol abrasador
del desierto
y la luna imperfecta
al alcance.

III.

25 años

Cansada, tus ojos recorren las notas
marcadas con tinta roja sobre mi rostro.

Hoy cambias de primavera,
pero en la casa,
los sonidos del silencio y duelo
marcan el compás del tiempo.
Y yo permanezco a tu lado,
anhelando con volver a oír el ruido
de tus sonrisas
sobre mi piel.

La ciudad muda de apariencia
al color de las artificiales luces,
mientras los olores de la noche
me devuelven al pasado.

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Javier Martínez Martínez nació en 1992 en Madrid, España, aunque ha vivido los tres últimos años de su vida entre Bélgica y Francia, residiendo actualmente en París. Compagina su trabajo de ingeniero aeroespacial en una startup de propulsión eléctrica de satélites con sus estudios de historia y su pasión por escribir, que a veces se ve recompensada con algún premio literario, como el 2º premio en un concurso de la revista literaria Zenda por un relato breve titulado ” A través del cristal de tu cuerpo”. Le gustan especialmente los viajes y las tertulias literarias, y perder unas cuantas horas recorriendo las estanterías de alguna librería de segunda mano en París.

5 poemas por Daniel Downs

Inconcluso

Muchacho: “No tan rápido”,
le decía Don Erasmo,
a aquel jóven soñador,
que salió sordo y rápido,
en busca de su sueño liberador
de migajas, de cunetas sucias,
de aquel barrio miserable,
de su ego herido,
y salió rápido y desnudo.

Y salió aquel jóven soñador,
buscaba lo que no sabía,
pero al menos sospechaba,
buscaba lo que no tenía,
pero al menos intentaba.

Y durmió de pueblo en pueblo,
de monte en monte,
a veces sin saber donde, ni para donde.
Su sueño: Cruzar al otro lado.
Y durmió en las noches más frías,
sin cobija, sin tabaco,
acurrucado entre las piedras,
que acunaron aquellos sueños,
de amor lejano.

Cansado de sus pasos, anduvo varios días,
y hubo un Dios que lo miraba,
y estoy seguro que lloraba,
y su madre que rezaba,
mientras echaba las tortillas.

Es solo la vida de un paisano,
que representa un continente entero,
las desgracias de un hermano,
que salió rápido y desnudo,
en busca de una mejor vida,
viviendo el día a día,
sin saber si habrá un mañana,
pero con la fé encendida.

En aquel pueblito desolado,
donde se asomaban casitas de barro,
le cogió la noche una vez más,
y con lágrimas de sal,
sobre su rostro sucio,
esa noche lloró,
recordando la niñez de su suerte,
en aquella escuela estatal,
donde no terminó la primaria,
por tener que trabajar,
y entre memorias sin poder descansar,
el sol avisaba que había que empezar,
otro día más en el planeta desigualdad.

Lejos de su casa, y ya sin saber como regresar,
las humillaciones de la sociedad aquella,
que decidió abandonar,
le empujaron a seguir,
y cada gota de sudor le dolía el pecho,
y el desprecio de la clase alta,
le taladraba las espaldas,
y si tal su condición, fuese un pecado original,
le tocó luchar siendo de la clase marginal,
de un país pobre, pero además,
empobrecido por su propia ideología,
y que ironía,
cruzar la frontera de tu propia casa;
el mundo.

Y así anduvo, y comió de la basura,
-cuando encontraba-
¿Y para qué?
¿Y qué le esperaba?
Cansado de tropezar sobre las calles grises,
con su ropa sucia, y un desagradable aliento,
leyó en una página de periódico prestado:
“Indocumentados en aislamiento”,
y cada vez, se sentía menos, y buscaba más.

¿Y para qué?
Del otro lado le esperaba, lavar un maldito baño público,
porque no era chele, era un ‘asqueroso’ latino,
que no habla inglés, y no escribe bien el español,
blanco fácil de la explotación del patrón.

¿Y para qué?
Para ser asesinado por los malditos perros aquellos,
y era más perro su dueño,
y era más perro su dueño.

Y el universo fué testigo de la inclemencia del destino,
el suelo petrífico cada suspiro del camino,
pero el estaba solo y buscaba en que creer,
y cada noche oscura, como semáforo ocupó,
las estrellas más brillantes,
porque nunca tuvo carro,
pero se supo mantener, adherido a su miseria,
solo con las raíces de sus pies,
que caminaban hacía la luz de la tierra prometida.

En aquel camino pedregoso, lleno de polvo
y condiciones inhumanas,
con las lombrices revoloteando en su estómago,
devorado por el hambre y ahogándose de sed,
sus ojitos se incendiaron con el fuego del sol,
y con los labios reventados, botando los pellejos,
en un murmullo al viento exclamó:
“Madrecita, viejita santa, lo intenté por los dos”
Y su fuego, poco a poco dejo de arder,
sin saber, que estaba a solo algunos metros,
de cruzar la línea divisoria, esa maldita línea divisoria,
entre el hambre y el pan.

Daniel Downs.
Septiembre 12, 2018.

En cualquier ciudad

Un chavalo mocoso del cauce
Sollozaba en la corriente de aguas negras
A su hermanito le rugían las tripas
Y su mama con este era el tercer día
Que dijo que ya volvía y aún no aparecía.
Ella dijo: “Hijos voy a atender unos clientes”
Los niños esperan inocentes
Y con la masa entre los dientes
Comían desechos que bota la gente.

La mama no volvió jamás,
El cliente la violo y no quiso pagar
Al poner resistencia la mujer
Cobrando los pesos para poder comer
A vergazos fue masacrada por aquella bestia
Que camina libre por las calles de Matagalpa
¡POLICÍA! Que brutal ineficiencia.

Al pasar los días los hermanos buscan
Con desesperación a la vieja sucia
“La gente” con rabia los juzgan
Por caminar descalzos y en angustia
Que falta de astucia la de mi pueblo
Que asco su orgullo y su estúpido ego.

Los niños crecen, ya son adolescentes
Jamás pisaron la escuela
Y en su corazón cada mirada hiriente
El amor a la mierda les vuela
Que pena, ¡El ministerio nunca les busco tutela!

Ocho años mas tarde:
El menor roba en los buses departamentales
Aún la rabia y el odio le arden
Se enoja con Dios por razones accidentales.
El mayor lleva siete meses guardado
Mató a un callejero por un trago de guaro,
Dejó huérfanas a dos chiquitas,
Dios quiera la historia no se repita…
Aaay Nicaragua, Nicaragüita.

D. Downs.
Masaya.
Febrero 18, 2017.

Τάρταρος

“Según la mitología griega, Τάρταρος (en español castellano “Tártaro”) era un abismo inmenso donde iban todos los que merecían morir. Este poema profundiza las analogías de una muerte espesa”.

Quiero amanecer muerto mañana,
sin ritos ni ceremonias de duelo,
que las moscas me carcoman con saña
y me entierren en la pocilga de los sueños.

Al salir el sol, no quiero volver a verlo,
que se escurran las lágrimas
y disequen los cuerpo,
miembros de una falsa colectividad.

Mañana quiero dormir en el tártaro siniestro,
que toquen flauta,
que me lo merezco,
no quiero agudos gritos hipócritas.

Mañana estaría muerto y en los sueños dulces
algunos me verán volver,
no volvería a verlos.

Aquí yacía mi cuerpo vivo e inerte,
el cosmos y el reptilectric;
Radamantis, me dijo:
<El castigo se adecua al crimen>
No volví a ver la luz jamás.

Ya visioné esto antes,
con hombres de negros trajes,
el entierro se verificaba de noche,
algunas consciencias no soportaban el reproche.

Fue entonces cuando derramé una lágrima,
fría, como muerta.

Aquí yacía mi cadáver que respiraba,
las veintisiete pastillas vencieron en febrero,
sigilo,
silencio;
mañana quiero amanecer muerto.

D. Downs.
julio 13, 2017.

Pero no

Ojalá no te hubiera dicho mi nombre nunca,
ni vos haberme estrechado la mano aquella vez,
pero como vuelvo al pasado que no quiero volver?
Donde el tiempo ya no es tuyo, ni mío,
y sí, ojalá no te hubiera conocido.

Ojalá no te hubiera conocido nunca,
no debí haberte visto reír con ganas,
tan distinta a tu sonrisa sin ganas, fingida,
y que ganas de volver a través del tiempo,
para no haberte dicho todo lo que te dije.

Cambiaría las noches de café, libre de tabaco,
Y las ganas de encontrarnos siempre,
-que las sigo teniendo igual-
cambiaría cada eje tuyo,
por no tener que traicionarme, en las noches,
donde también vos te traicionás.

Fué un error del destino coincidir en esa noche,
en el mismo espacio, por la misma muerte,
cambiaría todas tus locuras y caprichos; tus labios gruesos,
para invocar la teoría del caos y cambiarnos de futuro,
y no tener que aprender a no necesitarte,
porque no habría necesidad de aprenderlo.

Jamás pensé que no fue bonito, pero si lograras entender,
te lo agradecería, aunque todavía ni yo me entiendo,
quizá por eso, lo que fue después tampoco lo entendí,
cambiaría al caracol, por no cargar la cicatriz.

Pero no se puede ya, te conocí de antes,
sin conocerme primero.

Daniel Downs.
septiembre 4, 2018.

Frenesí

Y te miré desnuda,
contemplé cada eje de tu cuerpo,
bebí tus lunares y pesares,
dimos paso al ritual aquel,
nos convertimos en euforia e histeria.
Cuando nos invadió el silencio,
supimos que era momento,
y escribimos sobre las pieles,
los placeres del que solo fue testigo el universo,
la nomenclatura de tus sudores y mis pasiones,
hizo de nosotros, nuestra propia mitología,
en la épica sinfonía de los susurros que dijiste;
¿Te acordás?

Daniel Downs S.
junio 11, 2018.

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Daniel Downs Santamaría, de 20 años, nació en una tal Managua, contaminada por la rabia y ahogada de amor. Tiene una pasión empedernida al arte en general y una intrínseca vinculación con la poesía.

4 poemas por Jerry Alonso

Quizás lo bello de vos fue que no me quisieras

Quizás lo bello de vos fue que no me quisieras
Y aun así, te quedaras velándome los labios, las entrañas y los
muertos.
Que mi carne te fuera inútil en la tarde
Pero pusieras la mesa: una vela roja a la mitad, a la mitad de la noche, con la mitad de todos los deseos.

Quizá lo bello de vos fue que no me quisieras,
pero insistieras siete veces siete en abrirme la puerta. Las siete
veces siete que toque.

Y te gustara dejarme en agonía el cuerpo
Y que pareciera de escarcha el sol en una gota de agua
Y convirtieras las piedras en mariposas y en palabras
Y me las echaras encima
E inventaras una excusa para no movernos del fuego

Y que en la oscuridad soplaras tus dedos,
y crecieras una tormenta, afuera en la montaña
Y cerraras las puertas de madera
y los ojos
Y rezaras no cortarte los dedos
Y tatuaras en espejos rotos no quererme nunca.
Y entonces,
me hicieras el amor, mientras afuera caía una tormenta.

Quizás lo bello de vos fue que no me quisieras y te aparecieras
con un vestido verde olivo pegado al cuerpo,
mientras afuera caía una tormenta. Y compraras cerveza para los
malditos y nadaras en el estanque, en donde los peces nos mordían
los lunares y nos enseñaban los dientes,
y los versos flotaran con las ramas secas sobre el estanque.

Quizás lo bello de vos fue que no me quisieras nunca,
y te volvieras opera mientras escribo
Lo bello de vos fue que no me quisieras nunca,
nunca,
nunca,
nunca.

Adagio en Sol Menor

Tiempo: 0:00

Tu cuerpo.
El mío.
Mueren.

Cuanto diera por desvanecer
de sus entrañas tanto moribundo.

Volvernos neblina.
Salir.
Sin que me veas
           /juntarnos
Tu cuerpo.
El mío.
La nada.

Yo en esta isla.
Y vos, vos al otro lado.
Envejeciendo.

Sin que pueda hacer nada.
Entonces corro.
Corro con mi perra Luna, que a veces vuela
Y me ha enseñado a volar.
Entonces vuelo.

Quisiera planear.
Sin morir.
Quisiera planear.

Tiempo: 0:32

Entonces me arranco los dedos.
De uno en uno.
Y desaparezco.
Pero sigo sin vos.
Entonces me ahorco.
Sin dedos y con el cuello roto
te busco en el suelo,
y no te encuentro,
y la muerte me resulta inútil
inservible,
abominable,
y absurda.

¿Y qué me queda entonces?
La nada.

¿Qué ruego?
¿Qué plegaria?
Nadie muere dos veces.
Ni vive el infinito.

Tu cuerpo.
El mío.
La vida muerte.

No me dejen salir
del segundo 0:32
en adelante.

Tu cuerpo.
El mío.
Tu cuerpo.

Tu carne envenenada.
Sin mi cuerpo.
El aliento suspendido
y maldito.

Tiempo: 4:09

La hora séptima.
De mis quejidos.
Me veo morir.
En el suelo.
Sin vos.
Ahora
para
siempre.

Me entregó a vos Buenos Aires

Me entrego a vos Buenos Aires
como quien se entrega a una amante:
Con el cuerpo
y dos velas encendidas
Con el corazón en un barquito de papel,
Con el goce de las palabras
Con estas mesas de candelas y vino.

​Con esta música de cantina
Con los amores
Con las causas perdidas:
me entrego a vos Buenos Aires.

Con estas risas con alas.
Con la furtividad de los vampiros,
me entrego a vos

Me sienta bien
pedir una copa más Buenos Aires
entre estos boleros
Me sienta bien
hacer recuento de mis males,
en el mismo rincón oscuro
donde me besaban
y hacía el amor

Entre los humores de estas calles
me he acostumbrado a hablarte de “vos” Buenos Aires
“Yo no sé qué me han hecho tus ojos”.

Entonces ¿Era un jueguito de marinero?

 Ayer te dije que no creía en el destino. Esas cosas que se atraviesan en la boca, y ya, estando ahí, salen volando, y echan a perder las flores, el jardín, y al jardinero.

El viento, como hacia quince años nos daba frío, a vos en el corredor mientras jugabas, y a mí, llegando del colegio como a esta hora.

Ayer crucé mis piernas en el Morazán, las cruce y deseé un cigarro mientras te esperaba. Leí en mi teléfono viejos registros del Rio Misisipi, mientras te imaginaba de trecientas formas distintas.

Pensé: ¿qué pasaría si no llegas? ¿Para dónde me iría? Entonces empezó a llover y me sentí mejor. La gente echó a correr, y claro fue preguntarme ¿Por qué putas corren? Tampoco era tan copiosa la lluvia, apenas llegó a mojarme los labios, unos minutos de azúcar antes, de que lo hicieras vos.

El Morazán, cerca de las cinco de esa tarde, mientras te imaginaba de trescientas formas posibles, se convertía en un portal con puños de roció sobre la hierba.

Un café amargo, un pudin de maicena, y un concierto con la macorina de fondo seguro no era el itinerario que soñaste. Los osos perezosos por la caída de la tarde no estaban. Sin embargo, levantaste los pies sobre la silla, por el dinosaurio negro y peludo, que cruzo aquel piso de madera y que te hizo sospechar, seguro del lugar.

Los ebrios tenían bolsitas de suero colgando en los autobuses. También “tubos improvisados” me dijiste.

Decenas de flechas como a Apolo me fueron clavadas mientras “claroscuro” tocaba. ¿Por qué tan serio? Me preguntaste. Y yo ¿que podía decir? El corazón se me inflaba y ya, para entonces, no estaba ahí, me llevaba donde se juntan todos los corazones que flotan. Pensé por un momento petrificarte, ya sabes, como a Dafne, pero qué sentido tiene venerar un laurel, por más hermoso que sea.

Hoy me voy al sur. No podre subir las gradas de piedra, tampoco ver el reloj de sol cuando haces yoga. Mon Laferte me sabe a vos, ahora solo a vos.

Me encantaba como esas dos palabras explotaban en su boca como juegos artificiales.

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Jerry Alonso es sociólogo y Magister en Derechos Humanos, nacido en Costa Rica, vive en la zona sur – sur del país, ha publicado en la Revista Literaria Centroamericana. Tiene dos libros “En la gaveta de los pijamas voy a guardar tus ojos” y “Haykus del Sur” aún sin publicar. De su primera obra que extraen estos registros. Una muestra de su obra puede ser vista en esta dirección: https://sociologiavisual.wixsite.com/poesiamaldita

3 poemas por Amelia Modrak

Luna

¿Quién puede sustraerse al encanto de la luna?
¿Quién puede odiar a las perlas del mar?
Una perla de mar
Es la luna en mis sueños.
Es el rostro de seda,
La bujía de la noche,
Es la dama de nácar serena.
Las matas nocturnas que ríen
Se bañan en claro de luna
Y yo espero a mi dulce amante
Bordeando la locura.
Encenderé velas de olor
Y lo traeré a mi ventana,
Y, besándolo entre mis brazos,
Lo bañaré con la luz de la luna.
El espliego, oculto en mi almohada,
Me invitaba a un dulce sueño.
Mas ahora éste ríe
Bañándome en claro de luna.

Ayudémonos a ser felices

La Felicidad,
Ese trabajo comunitario,
Es como un libro olvidado.
Sus páginas amarillean al sol
Y las revuelve un viento helado.
La lluvia ha disuelto su tinta,
Sus caracteres son ahora
Un ininteligible epitafio.
El óbito de la felicidad
Me resulta muy extraño,
Nunca pensé que pudiera surgir
De una abstención al trabajo.

No soy una extraña

No me excluyas hermano,
Ni tú, vecino viandante,
No me excluyas compañero,
Ni tú, amigo de la infancia….
Yo no soy una extraña,
En La Tierra hemos nacido,
Hijos de un mismo planeta somos,
En él todos hemos vivido.
Cuando retorne el Big Bang,
Cuando impacte un meteorito,
¿Qué es lo que vas a hacer?
¿Me verás como a un desconocido,
O me tenderás la mano?
Fraternidad Universal sería lo más apropiado,
Mas es muy posible, sí,
Que acabásemos muriendo
Cada uno por su lado.

Amelia Modrak (2009)

 

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Amelia Modrak (Las Palmas de Gran Canaria, 1973) ha publicado el poemario Notas (Ediciones Vitruvio, 2010), un cuento (Ciento veinticinco lentejas) en la revista Fábula (2016), y doce poemas (Reloj, Irlanda, Precioso Pelícano, Nórdicos, La gota, Ojos, En mi interior, Hermana yo, Yo rezo, Albatros, Quisiera ser y Demonios) en las revistas Alhucema, La Tundra, Zoque, Caminos Convergentes, Guatiní, Sueños de Papel, Prisma a la Vista e Infame (2016-2017). También ha publicado capítulos de novela en las revistas Letralia, Tierra de Letras (Sol de Invierno y Pharmacius) y Sueños de Papel (Maravillosa Amelia y El día en que el cielo desapareció).

3 poemas por Yannis Livadás “2001-2003”

Traducción por  Mario Domínguez Parra

Abattoir

Alguna vez agarras mis ojos
como fruta salvaje de los árboles
que para nosotros fructificaron en pistas umbrías;
enciendo este pitillo
y aspiro bastante del humo de la poesía.
Nadie me espera
excepto el lápiz nomás.

La rutina es una forma de santidad
pero no para todos.

Capra Black

Por odas enterrados
Usurpados –
Con frecuencia los veo barrer
Las avenidas que yo solía avizorar
Dentro de aquellos ojos –
Pero ahora debo callar de nuevo
Y quizás se confirme el error de aquel
Oráculo que hablaba de algo que mostraba
La televisión –
Árboles que hablaron mientras dormían
Con el sueño de la curiosidad de sus voces.
Lejos de ciudades que conocí
De inexpresables canteras
Sobre las que la luna tallaba la forma de un
Buda;
El silencio
Dicen (¡!)
Se aparece cual equilibrista
Y desde abajo enormes troncos
De los árboles de la Muerte florecen
En cada movimiento.

Bebo por tanto de tu vaso
Como el muerto de tu alma.

La sonrisa del cráneo muerto

Los poemas del mundo
Necesitan espacio
Para mis palabras.

Solo oro merecen
Los troqueles de los mendigos.

Por muchas lágrimas que derrames
No se te caerán los ojos.

En el poema la locura de los órganos me conduce
El relámpago de la respiración que hace lastre.
Y el estremecimiento.

Primer rostro el vacío.

No nací mucho todavía.

 

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Yannis Livadás (Grecia, 1969) es un poeta, ensayista y traductor griego. En la actualidad reside en París. Ha viajado durante años por diversos países, realizando toda clase de trabajos para subsistir. En los últimos años ha llevado a cabo detalladas investigaciones (ensayos y traducciones) sobre poesía estadounidense. Está, además, muy conectado con la tradición del jazz/avant-garde. Parte de su obra poética se basa en improvisaciones. Nunca concluyó su servicio militar en Grecia. Se opuso a su escolarización regular y a hacer estudios universitarios, debido a su individualismo y a su anarquismo. Desde 2008, tanto en su obra poética como en su crítica literaria, promueve la creación artística que, por su indeterminación en el significado y su innovación estructural, mayores de lo habitual, denomina anti-permutación orgánica. Poemas y ensayos de su autoría han sido traducidos a nueve idiomas.

 

3 poemas por Misael Dormes

A José Leonel Rugama

Los héroes jamás dijeron
que morirían por la patria,
solamente murieron.
-Leonel Rugama


J
azz cósmico ordenado con sinfonía.
Ostentas la voz del muchacho limpia botas y del carretonero.
Seguís caminando con nosotras y nosotros en los nuevos tiempos.
Eres el que es, y expresa lo que es.
Las sirenas del mundo guardaron silencio al escuchar tu canto.
El yang que llama y el ying socialista que responde.
Otredad y alteridad.
Nobleza indiscutible acompañan tus letras.
Escuela de cultura autodidacta e inspiración de inclusión.
La llama nainuena; sueño que se hizo real sin perder misterio.
Recién bañas nuestra tierra, pues los años del neoliberalismo han querido silenciarte.
Urge el conocimiento contemporáneo por tu letra.
Gozo de la tierra prometida.
Amanecer sin tentación.
Matapalos fue tu comunidad que te engendró, y te dio a Nicaragua.
Augurios no te faltan.

MUJER o PROSTITUTA

Las llaman “prostitutas” los que las prostituyen,
Las llaman “mujeres de la calle” los que las echan de sus casas,
Las llaman “mujeres de la vida alegre” los que ponen su alegría en
pisotearlas.
Las llaman “pecadoras” los “limpios” fariseos hipócritas.
Las llaman “mujeres fáciles” quienes les gusta colonizarlas.
Las llaman “mujeres masoquistas” quienes les gusta violentarlas.
Las llaman “damas” quienes les gusta jinetearlas siendo caballeros.
Las llama MUJER, quien respeta su autonomía de conciencia.
Las llama MUJER, quien respeta su libertad.
Las llama MUJER Jesús, Él que no las condena.
Y vos, ¿cómo las llamás?

Ruptura y continuidad con el soneto clássico

He querido alabar tu candor,
supe de enigmas y avatares
no necesitas por tu fulgor,
como infinitos siderales.

Las personas que te han habitado,
por esa inefable opulencia,
pocas veces te han cuidado,
precisa el advenimiento de otra independencia.

-Con Alí Baba; no pasaron los cuarenta ladrones.- (Si no los 61,
45 somocistas y 16 neoliberales)
El indígena antiguo siendo esclavo te adoró,
por ignorancia, o epistemología, por lo que sea.

Aunque la vieja raza ultrajante, te ignoró,
ha sido el AMOR que para ti se desea,
vivas libre, porque cada heroína y héroe jamás se lucró.

Misael Dormes.jpgMisael Dormes (conocido como veritas esplendor) de un barrio que lleva el nombre de ¡Héroes y mártires de Pancasán! Soy pro en ser héroe sin fusil. De convicción, que solo puede estar con otros aquel que está satisfecho en estar a solas consigo mismo.

 

2 poemas por Magdiel Guevara

Cuando el Amor es Mediocre

Cuando el amor es mediocre los días se convierten en rutinas.

Cuando el amor es mediocre con la primera tentación que tengas en ser infiel, lo harás sin pensarlo.

Cuando el amor es mediocre con la primera discusión se faltarán el respeto y se ofenderán.

Cuando el amor es mediocre te aburrirán sus te quiero y los te Amo se volverán ordinarios y corrientes.

Cuando el amor es mediocre los besos se dan, pero no se sentirán.

Cuando el amor es mediocre los abrazos fatigarán y no consentirán.

Cuando el amor es mediocre te pondrá como pasatiempo hormonal y no como una prioridad fundamental.

Cuando el amor es mediocre tendrán sexo para “fortalecer” un mal noviazgo.

Cuando el amor es mediocre llorarás por las injusticias de otro ser.

Cuando el amor es mediocre solo serán apariencia ante los demás, siendo una realidad oscura y siniestra.

Cuando el amor es mediocre siempre se recordarán los defectos y errores de cada uno continuamente.

Cuando el amor es mediocre las malas decisiones del ayer tomarán vigencia en el hoy.

Cuando el amor es mediocre la manipulación, hostigamiento, control y sumisión serán los padrinos de la boda.

Cuando el amor es mediocre sentirás pena en decir que es tu pareja.

Cuando el amor es mediocre estarán con alguien por lástima o por dinero.

Cuando el amor es mediocre todas las docenas de Te Amo, Abrazos, Besos y Caricias se evaporan con una puñalada, quitándose el antifaz.

Cuando el amor es mediocre se abandona por la inseguridad.

Cuando el amor es mediocre la fidelidad y lealtad solo son letras de tintas en papel.

Cuando el amor es mediocre solo dura un par de meses, un par de años no encaja lo eterno y sempiterno.

Cuando el amor es mediocre solo se viven de recuerdos, regalos, paseos, caminatas y conversaciones, no de hechos puros y sinceros.

Cuando el amor es mediocre la paz no habitara en tu corazón.

El amor verdadero no se mide por cuantas fotos tengas con él o ella, el amor se mide cada vez que algunos de las partes se necesiten en los tiempos de tribulaciones y momentos de angustias, en que cada uno se encuentran en sí mismo esperanza, tranquilidad y confort.

Tu corazón no le pertenece a la persona que te lo dañó lastimó; Tu corazón le pertenece a aquella persona que a la primera vez te valoró, respetó, sanó y amó.

 

Un Fantasma

 Me enamoré de un fantasma, de alguien creado por mi imaginación.

Con una ilusión de ensueño y de amor.

Terminé en quebranto y dolor,

Desgarrado mi ser, desgarrado mi corazón,

Fui víctima de mi ilusión,

Ella fue el cazador y yo el venado.

No quiero gemir más de dolor en mis noches de penumbra, porque siento que muero de dolor.

Ten cuidado, quien fue destruido saber cómo destruir,

Cuanto más miedo le tengas a ese fantasma, aparece; más fuerte y más grande se hace, erradica de tu corazón lo que te engañó, hirió y lastimó, para ser libre de esta vaga ilusión.

Hay lecciones que te lo enseñan mejor las lágrimas que las sonrisas.

El amor no es un sentimiento, es una decisión, el amor lo tienes que dominar si no él lo hará, y el precio te puede salir caro.

A veces me pregunto, ¿quién eres de verdad? Un fantasma, un demonio, una realidad o una fantasía.

No todo lo que brilla es oro, No todos los te amo son ciertos.

El amor puede ser una cárcel o una libertad.

Aléjate de mi alma, pesadilla de amor y de mi eternidad; Fantasma.

Nacido en la ciudad de Managua el 23 de Agosto del año 94 de padres salvadoreño, único hijo varón con dos hermanas mayores; estudio su primaria en el colegio El Buen Pastor continuamente su secundaria en el Colegio Público Rubén Darío, actualmente está cursando su último año en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) de la carrera Ciencia Política y Relaciones Internacionales; es un apasionado por la historia universal y bíblicas, consta experiencia en escritos tanto de temas políticos y diplomáticos como teológicos, además es musico, salido de la Academia de Música Bansbach; se abierto campo como conferencista internacional en congresos para jóvenes cristianos de países como Honduras, El Salvador y Panamá, es fiel seguidor del evangelio de Cristo Jesús ya que también es predicador evangelista. Ha escrito como pasatiempos diversos tipos de reflexiones motivacionales para jóvenes, así como frases de amor, desamor, románticos, nostálgicos y realistas. Recientemente público su primer libro de manera online en la plataforma de Wattpad llamado Princesas de Porcelana (Notas del corazón) el cual es una oda y homenaje para el sexo femenino; desde su publicación lleva hasta por el momento 7,234 lecturas; dicho libro está participando en  concursos  internacionales literario online llamados Wattys Awarsd 2017 estando en dos categorías la primera en “Libro Revelación del año” y la segunda “Mejor Escritor Novato del año” igualmente en otro concurso literario online latinoamericano llamado Sweets Awards 2017 en la categoría “Letras de Amor”. Ha tenido participación en Festivales de  Poesía gran relevancia en el país de Nicaragua; como en el festival de poesía “Cantos de Vida y Esperanza” realizado el día 23 de septiembre del año 2017  en el Teatro Nacional Rubén Darío, y recientemente en el Festival Internacional de Poesía de Granada 2018, el cual expuso algunos escritos de su autoría.

 

4 poemas por Cinthya Thais

Recordatorio

Los ojos en mi almohada
cumplen treinta años,
semblanzas,
amoníacos,
y habanos en la espalda;
encapsulan tiempo
entre telarañas,
gorriones de seda
ante noches de veredas
-solitarias-
al teñir papiros
con sus ayunas
y cuchillas;
a la consigna de mis sábanas
manchadas,
descoloridas,
arrugadas
por la incertidumbre
que sembraron en un llano
-intercorporal-
tras pellizcar la vía láctea
de mis miedos
y piernas destajadas,
pues, aún soy una cría
de lobos esteparios
besada en acantilados,
regurgitada en su cama;
charcos de aceras
con mi nombre en un grito
que se ahoga
por las voces capturadas
y pintadas
detrás de las pupilas
que me enjaulan
a una pseudo apatía
al encender –o apagar- tus velas.

 

Cinco minutos

Mi padre marchó
a una Guatemala ficticia,
donde los egos se disiparon
y mi carta nunca quemó.

Fumaba los aires
de mis vestidos
y a mi madre jamás sepultó
entre mañanas agónicas.

¿Cuándo volverá la sombra
que disparó a nuestro ingenuo cantar?
Pues, aún escurro sangre
entre mis torres de pulpa.

Cinco minutos,
tu condición de súbdita,
cinco minutos
y el manojo de cerillas
en la ventana;
dónde aprendí de husmeos
cuando hacían la guerra.

Desgollo sus huellas
en la vasija de plata,
incrustada en un cráneo
foráneo y latente.

¡Ay! Entre nieblas
se levanta a una acuarela
con la piel –desértica-
bordada de inquinas.

¿Dónde está la mancha
intercelular del linaje?
Pues, mi pecho impugna
tu aroma en derrame.

Cinco minutos,
inspecciona tus dedos,
cinco minutos,
reconozco que te anhelo
en un catre sucio;
donde Ares no volverá
a tocar la puerta.

 

Otra noche

“Pero esos rumores de la vida
nos llegarán por separado,
y otro será tu sol
y otra luna será mi luna.

Cuando ya no me quieras”.

Carlos Martínez Rivas, La puesta en el sepulcro.

Luna descolorida
como un acorde pálido,
me mirás entre quimeras
y acogés en lo alto
de los espacios intermitentes
al astro de las huérfanas.

Eleváme, compañera, en un rayo
que alimenta a la aprendíz
de tristezas de niña;
eleváme ante el contacto
rancio de esta alacena.

Más, no contés nada
-luna desgastada-
de la fortuna de otros mundos,
bien sabés que las olas fúnebres
traen consigo sangre púrpura
en cadáveres jamás usurpados
-recordados-.

Sin embargo,
cuando la luz canta
-no brilla en el abandono-
a una fuerza de lirios
calada en algún templo antiguo,
sos la esperada procesión de muertos
que aparecen en alambres
de otros días,
otras infancias,
sirvientas o vecinas.

Más, no prosigamos
en la patria silenciosa
contemplando lunes extranjeros
con manchas en sus velos;
ay, cráter de muchacha,
no llorés por esa luna
impregnada en otra agonía.

 

Lilith nos enseñó a volar

Las hijas de Lilith sí
tienen alas
recortadas;
deambulando como
ánimas
que han perdido
el horizonte tras callar
su voz.
Dentro de ellas se posa
la agonía
al descubrir
torsos con historias
deslucidas,
que cosen los finales
de entierros imperfectos
con golpes
en los huesos.

Otorgarles, pues,
la libertad perpetua
que desprende mechones
salpicados
de sangre,
fragmentando la iracundia
de nudillos ajenos,
o fajas de cuero;
en busca de magentas
y matices
entre desvelos por la causa
que alimenta las auras
de tantas mejillas inquietas
al vociferar
-con o sin temor-
la razón de nuestro vuelo.

Cynthia Thais Alfaro Sandoval nació el 13 de junio de 1998 en Managua; aunque su crianza tiene alma masayense. Se interesó por la escritura a los 9 años de edad al redactar finales alternativos a las historias infantiles, donde las injusticias sociales y los estereotipos no calzaban en el mundo.

Además de la literatura, sus intereses incluyen el origami, la danza, el guionismo, la lectura bien fundamentada y el activismo. Escribió y dirigió los cortometrajes “Saudade” y “Las Sombras”, actuando en este último. Igualmente, es co-creadora del poemario, sobre salud mental, Desde mi ventana.

Actualmente, cursa cuarto año de Comunicación en la Universidad Centroamericana de Nicaragua UCA; mientras dedica sus días (o noches) como redactora integral en el medio independiente Nuevas Miradas.

Sus “letras oxidadas” –como nombra a sus escritos- se basan en el Saudade, la melancolía, las dolencias propias o ajenas, el plano social de la mujer y la hechicería como acompañante idónea de las palabras; siendo estas presentadas en su blog Delirío Místico.

5 poemas por Yustian Garvel

Viacrucis

Después de la lluvia y del canto, después de que el fuego
calme su ira, después de tanto vino entre la garganta
y el humo deambulante no se prostituya, y venga de boca
en boca a llorarnos.

Cuando todo sea naufragios con palabras ancladas y
en las vacías miradas seamos a tientas una gota,
y no tengas tan solo un aliento de nosotros.

Los heraldos serán sólo trazos de sombras buscando paz,
no poder con el filo del viento, que viene decapitando nostalgias
y escupiendo nuestras glorias,

Después que ya solo seamos arcillosos ojos de luces plutónicas
y no tengamos más cabida que sordos olvidos en jardines de barro,

Cuando las piernas sean derribadas por el cansancio de esos anuncios
llenas de gusanos que se alimentan de agujados clavos, después
que ya solo nos despelleje el silencio imperfecto de tus aromas secos

Y vuelvan los relámpagos a partir manzanas en el páramo, cuando
tu voz sea un presagio de la oscura enlutada y cargues con candelas
benditas para invocar la embalsamada frescura,

Solo así, resucitaré en la tercera luna, limpio de pecado,
sucio de deseos, fundido en blanca hostia, que no será para
sanar tu cuerpo, ni la gloria de tu viacrucis.

Incierto

El ron embriaga a las garzas que traen coros de luciérnagas
en sus plumas, viento sumergido sobre lucido marfil que retractan ánimas

Dafnis te espera para tocar su flauta y llevarte a Eros,
Vienen palabras, que de rodillas llegan al borde del lago

A orillas de este libro se guardan tus nombres que nadarán
en el curtido color,  empezar a caminar, ron crudo y sin ligar,

Jugar con el azul y ponerle blanco, sacar la sombrilla, pasar debajo
de los arcos de hielo.

me trago tu sonrisa por los poros, por los mismos,
en la que tus trapos inclina su bandera victoriosa,
Anclada a la derrota que nos deja lo incierto del suplicio.

Los olvidados

Los olvidados se tiñen de sombras sin memoria,
umbría decrépita, son arena en desiertos
que nadie acude a su silencio.

Caminan en la inercia de las soledades, se abrazan
para no desconocerse, se sumergen en
lo más hondo de su angustia.

Cuerpos que se condenan a cantarle a su vacío estómago.

Graznido  solitario.

Los olvidados no tienen gritos, ni quejas, ni aleluyas…
Se arrastran en su trago amargo y nocturno.

Los olvidados, ruletas de desenamorados bohemios,
navegan tiernos, serenos y engañados hacia senderos
de lóbregos inviernos.

No se despiden, deambulan penando destierros
de penurias envejecen con cada esperanza que
no alza alas, a veces vuelven al camino, otras veces
se sientan a ver la tarde ,y veo como pierden
su clamor, en cada olvido que dejan tirado.

 Las calles

Oscuras   incógnitas de refugios.
Amores se enfilan y no llegaron a encontrarse, recorren
tierras, cauces, parques, pálidos cementerios.

Son glorias de revoluciones, tardes calurosas,
ingratas despedidas,
calles alfombras soleadas y mojadas,
impávido vino.

Arterias que amarran la cara de los sepulcros,
andariveles de los infantes que juegan a perderse,

Jardines de concreto donde florecen los periódicos
y se
marchita el recuerdo,
ciertas calles es uno, a veces sin salida.

La gente se duerme

La gente se duerme en el bus,
en las rutas urbanas duerme,
el bolo en la mesa con sal y limón
         gustoso duerme.

La gente se duerme escuchando el juego,
el vigilante se duerme antes que los ladrones,
el niño se duerme acunado en la madre,
la gente se duerme.

La mujer de la esquina se duerme, tarde pero se duerme,
se duerme el taxista esperando cliente, los amantes después
del sexo, el asesino después del deber cumplido, el doctor de turno.

Duermen los vehementes locos callejeros,
se duerme el sereno haciendo Posta, el pintor en su cuadro,
la abuela en su rezo.

Se duerme el hombre por su gusto,
se duerme el indigente en banca ajena,
el monaguillo se duerme escuchando el sermón,
la gente se duerme.

Pero en el ataúd con todos esos acomodos y frescuras blancas,
con esos olores que invocan a la ternura,
¿Para qué despertarlos?
Si duermen en paz.

Yustian Garvel 30 años  sociólogo ,publique mi primer libro a los  20 años,”La sombra del poeta. He participado en distintos eventos literarios  promocionados por el teatro nacional Ruben Dario,el movimiento cultural Leonel  Rugama y el movimiento Bajo relieve,gane en el año 2017  el concurso de poesia del INTUR,participado en eventos literarios  del instituto nicaragüense de cultura”

3 poemas por Roberto Cambronero

El ascenso

Estoy en un hotel donde los pájaros entran por el cielorraso,
cuando suenan las máquinas de hielo y las ristras de cascabeles y los guijarros
me doy cuenta que aquí es el borde del fin del mundo,

que es hora de escaparse porque los demás pasajeros están dormidos
y camino con pasos de ensueño sobre los techos, las caballos negros que andan como
      faunos entre las nimbos, entre los soles luminosos que caben    en el meñique,
      las estelas de gasolina atómicas y subo más    allá de los relojes de cuerda,
      las cucharas, los precios y de    mí mismo, hasta que Cambronero sea solo una palabra,

hasta ser como un ángel o un pez gratuito y me sienta tan libre
como quien orina entre limoneros.

El olvido

De las pocas veces que me he emborrachado en mi vida,
esta fue cerca de un campo de minigolf y me tropecé con una piedra de aire,
como era una noche primitiva nadie vio como me caí
pero si escuché la risa de los fantasmas de la atmósfera, sonaba como se piensa
en el hambre y en el olvido, o en animales extintos.

Las piedras de minigolf o las del aire se me aparecen como marejadas
en esquinas de fiestas a las que no me atrevo a ir,
en notas de mi agenda que no voy a
     recordar,

también en el microondas cuando voy a cenar solo y el aire es de tafetán mustio, en esos momento en que no me tropiezan pero me recuerdan que no soy antiguo y útil como el tenedor o la mosca, que es decir lo mismo.

Égloga del parque

Usemos para él un nombre de égloga, era Nemeroso o Pilas o Lucrecio y nos conocimos en un bosque umbroso, aunque en realidad fue en un parque frente a una cancha, no me acuerdo de que deporte pero sí que acaban de sembrar árboles que le sentaran mejor a la fauna local que vive entre torres de apartamentos y pizzerías.

Como era de égloga no pudo-no-seguir esa tradición centenaria de ser ingrato y cuando se fue, dejó bancos vacíos, mudo al aire, a las ardillas.

Entonces quise olvidarlo con X, que tenía una relación abierta y eso me lo advirtió desde el principio. Nos estrujábamos de entusiasmo cuando nos encontrábamos en esos jardines amurallados que en realidad era un campus universitario. Nos estrujábamos así, como esponjas, como fieltro.

Y yo solo a veces tenía un instinto oscuro y le pasaba las uñas en el pecho para desconcharle al otro. Pero X lo tenía bien empotrado y me decía en susurros, pero firme, que no, que no.

Claro que yo paraba y con el tiempo nos dejamos de ver, como se detiene la lluvia o se entra al sueño. Y quedé solo con todo el fuego que se derrama del Sol.

Roberto Cambronero Gómez nace en 1995 en San José, Costa Rica. Cursa la carrera de Literatura y Lingüística en la Universidad Nacional de Costa Rica. Ha colaborado en las revistas Almiar, Letralia, Espora, Marabunta, Kaleido y Bistró. Ganó el premio Una Palabra 2015 en la rama de teatro con El insólito rapto de Doña Inés. Escribe una columna de opinión en la Revista Vice-Versa (Nueva York).