5 poemas por Daniel Downs

Inconcluso

Muchacho: “No tan rápido”,
le decía Don Erasmo,
a aquel jóven soñador,
que salió sordo y rápido,
en busca de su sueño liberador
de migajas, de cunetas sucias,
de aquel barrio miserable,
de su ego herido,
y salió rápido y desnudo.

Y salió aquel jóven soñador,
buscaba lo que no sabía,
pero al menos sospechaba,
buscaba lo que no tenía,
pero al menos intentaba.

Y durmió de pueblo en pueblo,
de monte en monte,
a veces sin saber donde, ni para donde.
Su sueño: Cruzar al otro lado.
Y durmió en las noches más frías,
sin cobija, sin tabaco,
acurrucado entre las piedras,
que acunaron aquellos sueños,
de amor lejano.

Cansado de sus pasos, anduvo varios días,
y hubo un Dios que lo miraba,
y estoy seguro que lloraba,
y su madre que rezaba,
mientras echaba las tortillas.

Es solo la vida de un paisano,
que representa un continente entero,
las desgracias de un hermano,
que salió rápido y desnudo,
en busca de una mejor vida,
viviendo el día a día,
sin saber si habrá un mañana,
pero con la fé encendida.

En aquel pueblito desolado,
donde se asomaban casitas de barro,
le cogió la noche una vez más,
y con lágrimas de sal,
sobre su rostro sucio,
esa noche lloró,
recordando la niñez de su suerte,
en aquella escuela estatal,
donde no terminó la primaria,
por tener que trabajar,
y entre memorias sin poder descansar,
el sol avisaba que había que empezar,
otro día más en el planeta desigualdad.

Lejos de su casa, y ya sin saber como regresar,
las humillaciones de la sociedad aquella,
que decidió abandonar,
le empujaron a seguir,
y cada gota de sudor le dolía el pecho,
y el desprecio de la clase alta,
le taladraba las espaldas,
y si tal su condición, fuese un pecado original,
le tocó luchar siendo de la clase marginal,
de un país pobre, pero además,
empobrecido por su propia ideología,
y que ironía,
cruzar la frontera de tu propia casa;
el mundo.

Y así anduvo, y comió de la basura,
-cuando encontraba-
¿Y para qué?
¿Y qué le esperaba?
Cansado de tropezar sobre las calles grises,
con su ropa sucia, y un desagradable aliento,
leyó en una página de periódico prestado:
“Indocumentados en aislamiento”,
y cada vez, se sentía menos, y buscaba más.

¿Y para qué?
Del otro lado le esperaba, lavar un maldito baño público,
porque no era chele, era un ‘asqueroso’ latino,
que no habla inglés, y no escribe bien el español,
blanco fácil de la explotación del patrón.

¿Y para qué?
Para ser asesinado por los malditos perros aquellos,
y era más perro su dueño,
y era más perro su dueño.

Y el universo fué testigo de la inclemencia del destino,
el suelo petrífico cada suspiro del camino,
pero el estaba solo y buscaba en que creer,
y cada noche oscura, como semáforo ocupó,
las estrellas más brillantes,
porque nunca tuvo carro,
pero se supo mantener, adherido a su miseria,
solo con las raíces de sus pies,
que caminaban hacía la luz de la tierra prometida.

En aquel camino pedregoso, lleno de polvo
y condiciones inhumanas,
con las lombrices revoloteando en su estómago,
devorado por el hambre y ahogándose de sed,
sus ojitos se incendiaron con el fuego del sol,
y con los labios reventados, botando los pellejos,
en un murmullo al viento exclamó:
“Madrecita, viejita santa, lo intenté por los dos”
Y su fuego, poco a poco dejo de arder,
sin saber, que estaba a solo algunos metros,
de cruzar la línea divisoria, esa maldita línea divisoria,
entre el hambre y el pan.

Daniel Downs.
Septiembre 12, 2018.

En cualquier ciudad

Un chavalo mocoso del cauce
Sollozaba en la corriente de aguas negras
A su hermanito le rugían las tripas
Y su mama con este era el tercer día
Que dijo que ya volvía y aún no aparecía.
Ella dijo: “Hijos voy a atender unos clientes”
Los niños esperan inocentes
Y con la masa entre los dientes
Comían desechos que bota la gente.

La mama no volvió jamás,
El cliente la violo y no quiso pagar
Al poner resistencia la mujer
Cobrando los pesos para poder comer
A vergazos fue masacrada por aquella bestia
Que camina libre por las calles de Matagalpa
¡POLICÍA! Que brutal ineficiencia.

Al pasar los días los hermanos buscan
Con desesperación a la vieja sucia
“La gente” con rabia los juzgan
Por caminar descalzos y en angustia
Que falta de astucia la de mi pueblo
Que asco su orgullo y su estúpido ego.

Los niños crecen, ya son adolescentes
Jamás pisaron la escuela
Y en su corazón cada mirada hiriente
El amor a la mierda les vuela
Que pena, ¡El ministerio nunca les busco tutela!

Ocho años mas tarde:
El menor roba en los buses departamentales
Aún la rabia y el odio le arden
Se enoja con Dios por razones accidentales.
El mayor lleva siete meses guardado
Mató a un callejero por un trago de guaro,
Dejó huérfanas a dos chiquitas,
Dios quiera la historia no se repita…
Aaay Nicaragua, Nicaragüita.

D. Downs.
Masaya.
Febrero 18, 2017.

Τάρταρος

“Según la mitología griega, Τάρταρος (en español castellano “Tártaro”) era un abismo inmenso donde iban todos los que merecían morir. Este poema profundiza las analogías de una muerte espesa”.

Quiero amanecer muerto mañana,
sin ritos ni ceremonias de duelo,
que las moscas me carcoman con saña
y me entierren en la pocilga de los sueños.

Al salir el sol, no quiero volver a verlo,
que se escurran las lágrimas
y disequen los cuerpo,
miembros de una falsa colectividad.

Mañana quiero dormir en el tártaro siniestro,
que toquen flauta,
que me lo merezco,
no quiero agudos gritos hipócritas.

Mañana estaría muerto y en los sueños dulces
algunos me verán volver,
no volvería a verlos.

Aquí yacía mi cuerpo vivo e inerte,
el cosmos y el reptilectric;
Radamantis, me dijo:
<El castigo se adecua al crimen>
No volví a ver la luz jamás.

Ya visioné esto antes,
con hombres de negros trajes,
el entierro se verificaba de noche,
algunas consciencias no soportaban el reproche.

Fue entonces cuando derramé una lágrima,
fría, como muerta.

Aquí yacía mi cadáver que respiraba,
las veintisiete pastillas vencieron en febrero,
sigilo,
silencio;
mañana quiero amanecer muerto.

D. Downs.
julio 13, 2017.

Pero no

Ojalá no te hubiera dicho mi nombre nunca,
ni vos haberme estrechado la mano aquella vez,
pero como vuelvo al pasado que no quiero volver?
Donde el tiempo ya no es tuyo, ni mío,
y sí, ojalá no te hubiera conocido.

Ojalá no te hubiera conocido nunca,
no debí haberte visto reír con ganas,
tan distinta a tu sonrisa sin ganas, fingida,
y que ganas de volver a través del tiempo,
para no haberte dicho todo lo que te dije.

Cambiaría las noches de café, libre de tabaco,
Y las ganas de encontrarnos siempre,
-que las sigo teniendo igual-
cambiaría cada eje tuyo,
por no tener que traicionarme, en las noches,
donde también vos te traicionás.

Fué un error del destino coincidir en esa noche,
en el mismo espacio, por la misma muerte,
cambiaría todas tus locuras y caprichos; tus labios gruesos,
para invocar la teoría del caos y cambiarnos de futuro,
y no tener que aprender a no necesitarte,
porque no habría necesidad de aprenderlo.

Jamás pensé que no fue bonito, pero si lograras entender,
te lo agradecería, aunque todavía ni yo me entiendo,
quizá por eso, lo que fue después tampoco lo entendí,
cambiaría al caracol, por no cargar la cicatriz.

Pero no se puede ya, te conocí de antes,
sin conocerme primero.

Daniel Downs.
septiembre 4, 2018.

Frenesí

Y te miré desnuda,
contemplé cada eje de tu cuerpo,
bebí tus lunares y pesares,
dimos paso al ritual aquel,
nos convertimos en euforia e histeria.
Cuando nos invadió el silencio,
supimos que era momento,
y escribimos sobre las pieles,
los placeres del que solo fue testigo el universo,
la nomenclatura de tus sudores y mis pasiones,
hizo de nosotros, nuestra propia mitología,
en la épica sinfonía de los susurros que dijiste;
¿Te acordás?

Daniel Downs S.
junio 11, 2018.

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Daniel Downs Santamaría, de 20 años, nació en una tal Managua, contaminada por la rabia y ahogada de amor. Tiene una pasión empedernida al arte en general y una intrínseca vinculación con la poesía.