3 poems by John Grey

THE RIVER’S STORY

I haven’t changed my mind about rivers
even as another body is pulled from the one that flows through town.
I see no need to restate my position – fishing, swimming,
or just strolling along the banks.
Forget a debate, not with so many noisy, whirring
cop cars and rescue trucks cluttering the greenery.
Sure, I’m a little subdued as I watch from a distance.
But I don’t listen to you comparing that lazy old current
of water as a rattlesnake, hissing against the rocks.
I appreciate it for what it is, know that it is capable of many emotions.
You point out the crowd gathering, a charged situation.
Maybe somewhere in there is a mother, worried that it’s her child.
What cares she for catfish? Young boys swinging from a rope?
Or smoking cigarettes in the shadow of the willows?
Or the claim to fame of the kid who swam across and back three times?
But these are the moments that will return once the dead are buried.
Maybe it’s not the best time to bring up these things.
Not when there’s so much law about,
and a sheet’s been drawn up over the body.
And even the dogs are silent, the birds have retreated to their roosts.
Maybe I even know the one that was dragged out,
sloppy and muddy and blue-faced.
The rumors are already starting. It’s a young girl. She jumped from the bridge.
Maybe she was bullied. Maybe she was pregnant. Maybe she broke up with a guy.
Someone heard the splash. Was startled. Called 911.
That guy’s surrounded like he’s some kind of hero
when he just happened to be in the right place at the right time.
I came down here because it’s my river, someone has to defend it,
even if it’s only with a whisper in your ear, a hard grip of your hand.
This is my childhood. It’s my romantic teenage years.
It’s even nostalgia from the perspective of middle age. It’s not a death trap.
It isn’t suicide’s best friend. It’s just water. Joyful, splashy water.
It flows from s spring somewhere in the distant mountains.
It travels miles to a bigger river and then a bigger river still
before flowing into the ocean. It could avoid this town altogether
but it chooses to run parallel to our Main Street,
like nature come to us rather than having to hike out into the wilderness to find it.
It can’t be sullied by a corpse, by sorrow, by even the worst kind of despair.
The dead girl will have a story to tell and it will be a sad one.
But it won’t be the river’s story. Come to me if you really need to be told.

THE DAY OF THE DICTATOR

People
saluted me,
bowed even,
without even being prompted

I was amazed.
I was shocked.

I’d been pushing
loyalty and obedience
at them
in an extremely
controlled setting

but here,
in the open air,
nothing was different,
nothing had changed.

They looked up to me.
I was their leader.

It was as much
disconcerting
as it was gratifying.

I began to think
they’d be willing to do
anything I asked of them.

Maybe they’d bring me my coffee
in the morning.
Maybe I could lead them
into war.

POWERLESS

Here comes the needle.
I open wide.
He tells me about his latest vacations,
makes jokes
that aren’t funny, thank God,
because my laughter’s
out of commission.
Then he starts on politics.
The jab into my gums is very political indeed.
So is the following numbness.

Under Novocain,
I feel like the populace,
unable to respond to what we’re told,
afraid he might somehow hit a nerve.
There’s a waiting period
in which he slams the Red Sox,
before the drill arrives,
digging into me
with a sound like burrowing
into hell
and I can hear the cries of the condemned
while he goes right on
mining my teeth.

It takes all of fifteen minutes
though it feels like a lifetime,
my impotence
versus the monologues of so many –
I could name a thousand instances.

He tells me
to avoid eating on the left side
for the rest of the day.
Was there ever a man
who’s spent as much time
chewing on his right side as me?

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John Grey is an Australian poet, US resident. Recently published in Examined Life Journal, Evening Street Review and Columbia Review with work upcoming in Harpur Palate, Poetry East and Visions International.

 

 

4 poemas por Jerry Alonso

Quizás lo bello de vos fue que no me quisieras

Quizás lo bello de vos fue que no me quisieras
Y aun así, te quedaras velándome los labios, las entrañas y los
muertos.
Que mi carne te fuera inútil en la tarde
Pero pusieras la mesa: una vela roja a la mitad, a la mitad de la noche, con la mitad de todos los deseos.

Quizá lo bello de vos fue que no me quisieras,
pero insistieras siete veces siete en abrirme la puerta. Las siete
veces siete que toque.

Y te gustara dejarme en agonía el cuerpo
Y que pareciera de escarcha el sol en una gota de agua
Y convirtieras las piedras en mariposas y en palabras
Y me las echaras encima
E inventaras una excusa para no movernos del fuego

Y que en la oscuridad soplaras tus dedos,
y crecieras una tormenta, afuera en la montaña
Y cerraras las puertas de madera
y los ojos
Y rezaras no cortarte los dedos
Y tatuaras en espejos rotos no quererme nunca.
Y entonces,
me hicieras el amor, mientras afuera caía una tormenta.

Quizás lo bello de vos fue que no me quisieras y te aparecieras
con un vestido verde olivo pegado al cuerpo,
mientras afuera caía una tormenta. Y compraras cerveza para los
malditos y nadaras en el estanque, en donde los peces nos mordían
los lunares y nos enseñaban los dientes,
y los versos flotaran con las ramas secas sobre el estanque.

Quizás lo bello de vos fue que no me quisieras nunca,
y te volvieras opera mientras escribo
Lo bello de vos fue que no me quisieras nunca,
nunca,
nunca,
nunca.

Adagio en Sol Menor

Tiempo: 0:00

Tu cuerpo.
El mío.
Mueren.

Cuanto diera por desvanecer
de sus entrañas tanto moribundo.

Volvernos neblina.
Salir.
Sin que me veas
           /juntarnos
Tu cuerpo.
El mío.
La nada.

Yo en esta isla.
Y vos, vos al otro lado.
Envejeciendo.

Sin que pueda hacer nada.
Entonces corro.
Corro con mi perra Luna, que a veces vuela
Y me ha enseñado a volar.
Entonces vuelo.

Quisiera planear.
Sin morir.
Quisiera planear.

Tiempo: 0:32

Entonces me arranco los dedos.
De uno en uno.
Y desaparezco.
Pero sigo sin vos.
Entonces me ahorco.
Sin dedos y con el cuello roto
te busco en el suelo,
y no te encuentro,
y la muerte me resulta inútil
inservible,
abominable,
y absurda.

¿Y qué me queda entonces?
La nada.

¿Qué ruego?
¿Qué plegaria?
Nadie muere dos veces.
Ni vive el infinito.

Tu cuerpo.
El mío.
La vida muerte.

No me dejen salir
del segundo 0:32
en adelante.

Tu cuerpo.
El mío.
Tu cuerpo.

Tu carne envenenada.
Sin mi cuerpo.
El aliento suspendido
y maldito.

Tiempo: 4:09

La hora séptima.
De mis quejidos.
Me veo morir.
En el suelo.
Sin vos.
Ahora
para
siempre.

Me entregó a vos Buenos Aires

Me entrego a vos Buenos Aires
como quien se entrega a una amante:
Con el cuerpo
y dos velas encendidas
Con el corazón en un barquito de papel,
Con el goce de las palabras
Con estas mesas de candelas y vino.

​Con esta música de cantina
Con los amores
Con las causas perdidas:
me entrego a vos Buenos Aires.

Con estas risas con alas.
Con la furtividad de los vampiros,
me entrego a vos

Me sienta bien
pedir una copa más Buenos Aires
entre estos boleros
Me sienta bien
hacer recuento de mis males,
en el mismo rincón oscuro
donde me besaban
y hacía el amor

Entre los humores de estas calles
me he acostumbrado a hablarte de “vos” Buenos Aires
“Yo no sé qué me han hecho tus ojos”.

Entonces ¿Era un jueguito de marinero?

 Ayer te dije que no creía en el destino. Esas cosas que se atraviesan en la boca, y ya, estando ahí, salen volando, y echan a perder las flores, el jardín, y al jardinero.

El viento, como hacia quince años nos daba frío, a vos en el corredor mientras jugabas, y a mí, llegando del colegio como a esta hora.

Ayer crucé mis piernas en el Morazán, las cruce y deseé un cigarro mientras te esperaba. Leí en mi teléfono viejos registros del Rio Misisipi, mientras te imaginaba de trecientas formas distintas.

Pensé: ¿qué pasaría si no llegas? ¿Para dónde me iría? Entonces empezó a llover y me sentí mejor. La gente echó a correr, y claro fue preguntarme ¿Por qué putas corren? Tampoco era tan copiosa la lluvia, apenas llegó a mojarme los labios, unos minutos de azúcar antes, de que lo hicieras vos.

El Morazán, cerca de las cinco de esa tarde, mientras te imaginaba de trescientas formas posibles, se convertía en un portal con puños de roció sobre la hierba.

Un café amargo, un pudin de maicena, y un concierto con la macorina de fondo seguro no era el itinerario que soñaste. Los osos perezosos por la caída de la tarde no estaban. Sin embargo, levantaste los pies sobre la silla, por el dinosaurio negro y peludo, que cruzo aquel piso de madera y que te hizo sospechar, seguro del lugar.

Los ebrios tenían bolsitas de suero colgando en los autobuses. También “tubos improvisados” me dijiste.

Decenas de flechas como a Apolo me fueron clavadas mientras “claroscuro” tocaba. ¿Por qué tan serio? Me preguntaste. Y yo ¿que podía decir? El corazón se me inflaba y ya, para entonces, no estaba ahí, me llevaba donde se juntan todos los corazones que flotan. Pensé por un momento petrificarte, ya sabes, como a Dafne, pero qué sentido tiene venerar un laurel, por más hermoso que sea.

Hoy me voy al sur. No podre subir las gradas de piedra, tampoco ver el reloj de sol cuando haces yoga. Mon Laferte me sabe a vos, ahora solo a vos.

Me encantaba como esas dos palabras explotaban en su boca como juegos artificiales.

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Jerry Alonso es sociólogo y Magister en Derechos Humanos, nacido en Costa Rica, vive en la zona sur – sur del país, ha publicado en la Revista Literaria Centroamericana. Tiene dos libros “En la gaveta de los pijamas voy a guardar tus ojos” y “Haykus del Sur” aún sin publicar. De su primera obra que extraen estos registros. Una muestra de su obra puede ser vista en esta dirección: https://sociologiavisual.wixsite.com/poesiamaldita

3 poems by Pablo Leal

for even in your finite and never-ending expanse lies
no escape from such an end to it all
and that which in strange aeons has come to pass will truly remain nothing
as it once sung, knowing as few do the true permanence of
the eternal veil casting in and of itself in its eternal slumber
or not, for that which has perished decries no foul and ceases
its extant hum forever to be and not
and in it all that is and ever will
• תֹ֙הוּ֙ וָבֹ֔הוּ

contours flay these bitter
storms in such foregone
clouds – a dulled out blade
no less baleful screams out a million names
howling anger dense
a trillion-forth found askew
tears it all in many ways
and in many more nothing says
• ~1.25m M☉

floundering thus is
thine way as furtive glancing
foretold in ways of old–
anew! brought into the fold
to mend old habits such
as them perishing young
fowls spread across these
strung-out scorns
for praise lied not—
merely masks chanting
slights of past
or ways of present?
• メガタワ

Pablo Leal is a ‘poet(a)’.

3 poemas por Amelia Modrak

Luna

¿Quién puede sustraerse al encanto de la luna?
¿Quién puede odiar a las perlas del mar?
Una perla de mar
Es la luna en mis sueños.
Es el rostro de seda,
La bujía de la noche,
Es la dama de nácar serena.
Las matas nocturnas que ríen
Se bañan en claro de luna
Y yo espero a mi dulce amante
Bordeando la locura.
Encenderé velas de olor
Y lo traeré a mi ventana,
Y, besándolo entre mis brazos,
Lo bañaré con la luz de la luna.
El espliego, oculto en mi almohada,
Me invitaba a un dulce sueño.
Mas ahora éste ríe
Bañándome en claro de luna.

Ayudémonos a ser felices

La Felicidad,
Ese trabajo comunitario,
Es como un libro olvidado.
Sus páginas amarillean al sol
Y las revuelve un viento helado.
La lluvia ha disuelto su tinta,
Sus caracteres son ahora
Un ininteligible epitafio.
El óbito de la felicidad
Me resulta muy extraño,
Nunca pensé que pudiera surgir
De una abstención al trabajo.

No soy una extraña

No me excluyas hermano,
Ni tú, vecino viandante,
No me excluyas compañero,
Ni tú, amigo de la infancia….
Yo no soy una extraña,
En La Tierra hemos nacido,
Hijos de un mismo planeta somos,
En él todos hemos vivido.
Cuando retorne el Big Bang,
Cuando impacte un meteorito,
¿Qué es lo que vas a hacer?
¿Me verás como a un desconocido,
O me tenderás la mano?
Fraternidad Universal sería lo más apropiado,
Mas es muy posible, sí,
Que acabásemos muriendo
Cada uno por su lado.

Amelia Modrak (2009)

 

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Amelia Modrak (Las Palmas de Gran Canaria, 1973) ha publicado el poemario Notas (Ediciones Vitruvio, 2010), un cuento (Ciento veinticinco lentejas) en la revista Fábula (2016), y doce poemas (Reloj, Irlanda, Precioso Pelícano, Nórdicos, La gota, Ojos, En mi interior, Hermana yo, Yo rezo, Albatros, Quisiera ser y Demonios) en las revistas Alhucema, La Tundra, Zoque, Caminos Convergentes, Guatiní, Sueños de Papel, Prisma a la Vista e Infame (2016-2017). También ha publicado capítulos de novela en las revistas Letralia, Tierra de Letras (Sol de Invierno y Pharmacius) y Sueños de Papel (Maravillosa Amelia y El día en que el cielo desapareció).

3 poemas por Yannis Livadás “2001-2003”

Traducción por  Mario Domínguez Parra

Abattoir

Alguna vez agarras mis ojos
como fruta salvaje de los árboles
que para nosotros fructificaron en pistas umbrías;
enciendo este pitillo
y aspiro bastante del humo de la poesía.
Nadie me espera
excepto el lápiz nomás.

La rutina es una forma de santidad
pero no para todos.

Capra Black

Por odas enterrados
Usurpados –
Con frecuencia los veo barrer
Las avenidas que yo solía avizorar
Dentro de aquellos ojos –
Pero ahora debo callar de nuevo
Y quizás se confirme el error de aquel
Oráculo que hablaba de algo que mostraba
La televisión –
Árboles que hablaron mientras dormían
Con el sueño de la curiosidad de sus voces.
Lejos de ciudades que conocí
De inexpresables canteras
Sobre las que la luna tallaba la forma de un
Buda;
El silencio
Dicen (¡!)
Se aparece cual equilibrista
Y desde abajo enormes troncos
De los árboles de la Muerte florecen
En cada movimiento.

Bebo por tanto de tu vaso
Como el muerto de tu alma.

La sonrisa del cráneo muerto

Los poemas del mundo
Necesitan espacio
Para mis palabras.

Solo oro merecen
Los troqueles de los mendigos.

Por muchas lágrimas que derrames
No se te caerán los ojos.

En el poema la locura de los órganos me conduce
El relámpago de la respiración que hace lastre.
Y el estremecimiento.

Primer rostro el vacío.

No nací mucho todavía.

 

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Yannis Livadás (Grecia, 1969) es un poeta, ensayista y traductor griego. En la actualidad reside en París. Ha viajado durante años por diversos países, realizando toda clase de trabajos para subsistir. En los últimos años ha llevado a cabo detalladas investigaciones (ensayos y traducciones) sobre poesía estadounidense. Está, además, muy conectado con la tradición del jazz/avant-garde. Parte de su obra poética se basa en improvisaciones. Nunca concluyó su servicio militar en Grecia. Se opuso a su escolarización regular y a hacer estudios universitarios, debido a su individualismo y a su anarquismo. Desde 2008, tanto en su obra poética como en su crítica literaria, promueve la creación artística que, por su indeterminación en el significado y su innovación estructural, mayores de lo habitual, denomina anti-permutación orgánica. Poemas y ensayos de su autoría han sido traducidos a nueve idiomas.

 

3 poems by Bob Stout

Perhaps

If it was a competition
then I lost before it began
but I didn’t mind
because Richard was older than me,
more confident, and I was shy.

He’d been to college, I hadn’t
but because of the war he’d enlisted
and so had I and we wound up
on the same Air Force base.

Sunday night youth group
at the Baptist Church.
Glenna was the prettiest
of the highschool girls
and the most open to flirtation.

I was attracted but hesitant;
Richard less so. He had a fiancé
in San Diego but San Diego
was four hundred miles away
and Glenna was in Merced.

He didn’t describe what they did
together and I didn’t ask
although he knew that I knew
that they’d become lovers.

It wasn’t a long-lasting affair.
Richard’s enlistment was up
and he headed back to San Diego
to finish college
and marry his fiancé.

Glenna and I became friends.
She seemed older than she had
when I first met her
but she was fun to be with
and I got to know her parents
and enjoy the time I spent with her.

But we never made love together.
Perhaps I was too shy or perhaps
I needed a friend more than I needed
a sexual adventure. Life’s a here
and gone thing for a lonesome G.I.

Discoveries: Veracruz, Mexico, 2018 

Those with Perla María watch her place
the short-handled shovel she’s been using
beside her open pack and tug her jeans
over what once was a youthfully sexy figure.
“Cuántos más?”—“How many more?” Not a question
that seeks an answer. But “Demasiados”—too many—
Joaquín murmurs. As though fondling
sacred jewels he lays two portions
of a broken skull and a splintered piece
of collarbone on a ragged piece of bedsheet.
Eyes half-closed, lips torqued downwards,
Perla María reaches towards it, then lets her hands
drop into her lap. “Just those, nothing more?”
“It was a shallow grave,” Joaquín pronounces professorially.
“Shallow because others are under it,” María del Carmen
grunts. A big woman, wide-hipped, big breasted,
sturdy despite three husbands, motherhood,
sixty years of work, she hands Joaquín a moldy piece
of paliacate they’d found beside the skull pieces.
“Campesino,” Joaquín murmurs. Young,
don’t you think?” “They’re all young!”
Perla María snaps. Then, almost inaudibly,
“Salvador was seventeen.” María del Carmen’s fingers
seek the younger woman’s shoulder. “Si quiere..?”
but Perla María shakes  her head. “We need
to go on.” Lips tightly together she forces
a smile. “Like Joaquín says, we can rescue
them from nowhereland. Rescue ourselves—”
“From not knowing,” María del Carmen murmurs,
Forcing smile of her own. Joaquín nods,
glances at his watch and picking up his shovel
suggests, “We’ll dig a little deeper,
maybe find another body further down.”

Perla María 

Her desire, her deepest desire,
was to have a gun, kill someone.
Narcos. Police. “You can’t trust either,”
her husband admonished. “Those who protest
become victims themselves.”
“Then I’ll take them with me!”
But she’d never fired a gun,
never owned one. The police laughed
when she demanded they do something.
One of them suggested they’d be glad
to do something sexual. Mexican justice!
In the marketplace she burst into tears.
“I can’t stand it! I hate it! I wish
I was dead!” she told the woman
who tried to comfort her, “you don’t—!”
then saw pain in the woman’s eyes.
“My daughter,” the woman murmured,
“two years ago.” “And you haven’t—?”
“We’ve found others,” the woman
shook her head, “by digging.”

Perla María still fantasizes having
a gun, killing someone. Narcos.
Police. But the digging helps.
Fosas clandestinas. Unmarked graves.
Hundreds of them. With the others,
each of them thinking The next one?
Maybe the next body will be Joselito’s?
Olga’s? Agustín’s? she marks the locations,
breathes in the smells, shares being
parent of a victim. Shares doubt
that there exists a God who cares.

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Robert Joe Stout is a Mexico City College graduate who works as an freelance journalist in Oaxaca, Mexico. His poetry has appeared in over 200 journals and magazines, including The Beloit Poetry Journal, Slant, offcourse, The New York Times and Poem.

 

3 poemas por Misael Dormes

A José Leonel Rugama

Los héroes jamás dijeron
que morirían por la patria,
solamente murieron.
-Leonel Rugama


J
azz cósmico ordenado con sinfonía.
Ostentas la voz del muchacho limpia botas y del carretonero.
Seguís caminando con nosotras y nosotros en los nuevos tiempos.
Eres el que es, y expresa lo que es.
Las sirenas del mundo guardaron silencio al escuchar tu canto.
El yang que llama y el ying socialista que responde.
Otredad y alteridad.
Nobleza indiscutible acompañan tus letras.
Escuela de cultura autodidacta e inspiración de inclusión.
La llama nainuena; sueño que se hizo real sin perder misterio.
Recién bañas nuestra tierra, pues los años del neoliberalismo han querido silenciarte.
Urge el conocimiento contemporáneo por tu letra.
Gozo de la tierra prometida.
Amanecer sin tentación.
Matapalos fue tu comunidad que te engendró, y te dio a Nicaragua.
Augurios no te faltan.

MUJER o PROSTITUTA

Las llaman “prostitutas” los que las prostituyen,
Las llaman “mujeres de la calle” los que las echan de sus casas,
Las llaman “mujeres de la vida alegre” los que ponen su alegría en
pisotearlas.
Las llaman “pecadoras” los “limpios” fariseos hipócritas.
Las llaman “mujeres fáciles” quienes les gusta colonizarlas.
Las llaman “mujeres masoquistas” quienes les gusta violentarlas.
Las llaman “damas” quienes les gusta jinetearlas siendo caballeros.
Las llama MUJER, quien respeta su autonomía de conciencia.
Las llama MUJER, quien respeta su libertad.
Las llama MUJER Jesús, Él que no las condena.
Y vos, ¿cómo las llamás?

Ruptura y continuidad con el soneto clássico

He querido alabar tu candor,
supe de enigmas y avatares
no necesitas por tu fulgor,
como infinitos siderales.

Las personas que te han habitado,
por esa inefable opulencia,
pocas veces te han cuidado,
precisa el advenimiento de otra independencia.

-Con Alí Baba; no pasaron los cuarenta ladrones.- (Si no los 61,
45 somocistas y 16 neoliberales)
El indígena antiguo siendo esclavo te adoró,
por ignorancia, o epistemología, por lo que sea.

Aunque la vieja raza ultrajante, te ignoró,
ha sido el AMOR que para ti se desea,
vivas libre, porque cada heroína y héroe jamás se lucró.

Misael Dormes.jpgMisael Dormes (conocido como veritas esplendor) de un barrio que lleva el nombre de ¡Héroes y mártires de Pancasán! Soy pro en ser héroe sin fusil. De convicción, que solo puede estar con otros aquel que está satisfecho en estar a solas consigo mismo.

 

3 poems by Eric Paul Shaffer

First Grade Art

In the first grade, I failed: I couldn’t draw. I worked
my narrow palette of crayons to fashion curved lines
in the shape of a cat or a rocket or a dragon or a tree,

but none came to me that didn’t disappoint my visions.
I was confined to a two-dimensional paper universe
where the best I could do was create a crooked family

of rectangles and ellipses beside a white box with a red
triangle roof and blank quartered cubes for windows,
a waxy house whose dimensions were always too small.

The bottom of the page was a smear of green, and the sky,
the whole sky, took all my blue and darkened everything
but the swollen yellow and orange sun I had never seen

so big and brilliant but in my own childish illustrations.
Even the stick figure I saw as myself was drawn too large
to turn the moonish knob on the slant-framed brown door

and enter the darkness within, unseen and uncolored.
A green ball on a brown stick was a tree that didn’t
stand in our front yard, and on that steep-sloped roof

was a chimney aswirl with the enthusiastic black smoke
I knew from fairy tales always promised fire within.
I trimmed my little life with a box of eight cramped colors.

The miracle was my insistence on stars, not only the one
we see all day, but the two thousand that score the sky
after the one we roll around rolls away. Doggedly, I drew

yellow pentacles and asterisks through my corrugated
blue day, filling the sky with the light beyond the light.

 

Footsteps and Footprints

These prints in snow from wood to door
mark what I missed. If I read them right,
you’re here. One foot follows the other,

sure as boots tread paths through silence.
At last, I understand the error my teacher
scored on the snowy pages of my theme:

“Footsteps are what we hear,” she wrote,
“footprints are what we leave behind.”
Now, whenever someone says he heard

my footprints, I see him lying down,
ear sunk in a muddy puddle or the snow,
head pressed to the path I’ve beaten

into day with boots, body, and stride.
Or when someone seeks to inspire me
to “follow in someone’s footsteps,”

I see the shape of a sole in the earth,
but hear nothing but my own slow feet
crossing the bridge between our worlds.

Kicking through drifts, I know no one
will hear this line of footprints I leave,
and none see my footsteps as I fade.


I Could Die Here

I could die here. That’s what I thought the day my father ordered
me from the station wagon to stand in the freeway breakdown lane
behind a cardboard sign declaring “FREE TO GOOD HOME,”

impeccably lettered in his characteristic capitals and hung loosely
from my neck with baling twine till someone picked me up. First,
I thought, “I could die here.” In that December evening snowfall,

beneath icicled eaves on the garage at her house, when she opened
her lips under mine and tongued my tongue, the shock stiffened
every bone in my body with a swift rush of blood. Then, I thought,

“I could die here.” As the houseboat’s engine died on the flooded
river, and we drifted sideways toward the dock, I thought, “I could
die here.” And this morning, I gaze into drunken faces lit by hot, red-

lettered light on a littered sidewalk as blank and as wide as the end
of a world as small as I am. I’m thinking again. Yes, I could die here.

 Eric Paul Shaffer is the author of seven books of poetry: Even Further West (2018); A Million-Dollar Bill (2016); Lāhaina Noon (2005); Living at the Monastery, Working in the Kitchen (2001); Portable Planet (2000); RattleSnake Rider (1990); and Kindling: Poems from Two Poets (1988; with James Taylor III). www.ericpaulshaffer.com

2 poemas por Magdiel Guevara

Cuando el Amor es Mediocre

Cuando el amor es mediocre los días se convierten en rutinas.

Cuando el amor es mediocre con la primera tentación que tengas en ser infiel, lo harás sin pensarlo.

Cuando el amor es mediocre con la primera discusión se faltarán el respeto y se ofenderán.

Cuando el amor es mediocre te aburrirán sus te quiero y los te Amo se volverán ordinarios y corrientes.

Cuando el amor es mediocre los besos se dan, pero no se sentirán.

Cuando el amor es mediocre los abrazos fatigarán y no consentirán.

Cuando el amor es mediocre te pondrá como pasatiempo hormonal y no como una prioridad fundamental.

Cuando el amor es mediocre tendrán sexo para “fortalecer” un mal noviazgo.

Cuando el amor es mediocre llorarás por las injusticias de otro ser.

Cuando el amor es mediocre solo serán apariencia ante los demás, siendo una realidad oscura y siniestra.

Cuando el amor es mediocre siempre se recordarán los defectos y errores de cada uno continuamente.

Cuando el amor es mediocre las malas decisiones del ayer tomarán vigencia en el hoy.

Cuando el amor es mediocre la manipulación, hostigamiento, control y sumisión serán los padrinos de la boda.

Cuando el amor es mediocre sentirás pena en decir que es tu pareja.

Cuando el amor es mediocre estarán con alguien por lástima o por dinero.

Cuando el amor es mediocre todas las docenas de Te Amo, Abrazos, Besos y Caricias se evaporan con una puñalada, quitándose el antifaz.

Cuando el amor es mediocre se abandona por la inseguridad.

Cuando el amor es mediocre la fidelidad y lealtad solo son letras de tintas en papel.

Cuando el amor es mediocre solo dura un par de meses, un par de años no encaja lo eterno y sempiterno.

Cuando el amor es mediocre solo se viven de recuerdos, regalos, paseos, caminatas y conversaciones, no de hechos puros y sinceros.

Cuando el amor es mediocre la paz no habitara en tu corazón.

El amor verdadero no se mide por cuantas fotos tengas con él o ella, el amor se mide cada vez que algunos de las partes se necesiten en los tiempos de tribulaciones y momentos de angustias, en que cada uno se encuentran en sí mismo esperanza, tranquilidad y confort.

Tu corazón no le pertenece a la persona que te lo dañó lastimó; Tu corazón le pertenece a aquella persona que a la primera vez te valoró, respetó, sanó y amó.

 

Un Fantasma

 Me enamoré de un fantasma, de alguien creado por mi imaginación.

Con una ilusión de ensueño y de amor.

Terminé en quebranto y dolor,

Desgarrado mi ser, desgarrado mi corazón,

Fui víctima de mi ilusión,

Ella fue el cazador y yo el venado.

No quiero gemir más de dolor en mis noches de penumbra, porque siento que muero de dolor.

Ten cuidado, quien fue destruido saber cómo destruir,

Cuanto más miedo le tengas a ese fantasma, aparece; más fuerte y más grande se hace, erradica de tu corazón lo que te engañó, hirió y lastimó, para ser libre de esta vaga ilusión.

Hay lecciones que te lo enseñan mejor las lágrimas que las sonrisas.

El amor no es un sentimiento, es una decisión, el amor lo tienes que dominar si no él lo hará, y el precio te puede salir caro.

A veces me pregunto, ¿quién eres de verdad? Un fantasma, un demonio, una realidad o una fantasía.

No todo lo que brilla es oro, No todos los te amo son ciertos.

El amor puede ser una cárcel o una libertad.

Aléjate de mi alma, pesadilla de amor y de mi eternidad; Fantasma.

Nacido en la ciudad de Managua el 23 de Agosto del año 94 de padres salvadoreño, único hijo varón con dos hermanas mayores; estudio su primaria en el colegio El Buen Pastor continuamente su secundaria en el Colegio Público Rubén Darío, actualmente está cursando su último año en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) de la carrera Ciencia Política y Relaciones Internacionales; es un apasionado por la historia universal y bíblicas, consta experiencia en escritos tanto de temas políticos y diplomáticos como teológicos, además es musico, salido de la Academia de Música Bansbach; se abierto campo como conferencista internacional en congresos para jóvenes cristianos de países como Honduras, El Salvador y Panamá, es fiel seguidor del evangelio de Cristo Jesús ya que también es predicador evangelista. Ha escrito como pasatiempos diversos tipos de reflexiones motivacionales para jóvenes, así como frases de amor, desamor, románticos, nostálgicos y realistas. Recientemente público su primer libro de manera online en la plataforma de Wattpad llamado Princesas de Porcelana (Notas del corazón) el cual es una oda y homenaje para el sexo femenino; desde su publicación lleva hasta por el momento 7,234 lecturas; dicho libro está participando en  concursos  internacionales literario online llamados Wattys Awarsd 2017 estando en dos categorías la primera en “Libro Revelación del año” y la segunda “Mejor Escritor Novato del año” igualmente en otro concurso literario online latinoamericano llamado Sweets Awards 2017 en la categoría “Letras de Amor”. Ha tenido participación en Festivales de  Poesía gran relevancia en el país de Nicaragua; como en el festival de poesía “Cantos de Vida y Esperanza” realizado el día 23 de septiembre del año 2017  en el Teatro Nacional Rubén Darío, y recientemente en el Festival Internacional de Poesía de Granada 2018, el cual expuso algunos escritos de su autoría.

 

4 poemas por Cinthya Thais

Recordatorio

Los ojos en mi almohada
cumplen treinta años,
semblanzas,
amoníacos,
y habanos en la espalda;
encapsulan tiempo
entre telarañas,
gorriones de seda
ante noches de veredas
-solitarias-
al teñir papiros
con sus ayunas
y cuchillas;
a la consigna de mis sábanas
manchadas,
descoloridas,
arrugadas
por la incertidumbre
que sembraron en un llano
-intercorporal-
tras pellizcar la vía láctea
de mis miedos
y piernas destajadas,
pues, aún soy una cría
de lobos esteparios
besada en acantilados,
regurgitada en su cama;
charcos de aceras
con mi nombre en un grito
que se ahoga
por las voces capturadas
y pintadas
detrás de las pupilas
que me enjaulan
a una pseudo apatía
al encender –o apagar- tus velas.

 

Cinco minutos

Mi padre marchó
a una Guatemala ficticia,
donde los egos se disiparon
y mi carta nunca quemó.

Fumaba los aires
de mis vestidos
y a mi madre jamás sepultó
entre mañanas agónicas.

¿Cuándo volverá la sombra
que disparó a nuestro ingenuo cantar?
Pues, aún escurro sangre
entre mis torres de pulpa.

Cinco minutos,
tu condición de súbdita,
cinco minutos
y el manojo de cerillas
en la ventana;
dónde aprendí de husmeos
cuando hacían la guerra.

Desgollo sus huellas
en la vasija de plata,
incrustada en un cráneo
foráneo y latente.

¡Ay! Entre nieblas
se levanta a una acuarela
con la piel –desértica-
bordada de inquinas.

¿Dónde está la mancha
intercelular del linaje?
Pues, mi pecho impugna
tu aroma en derrame.

Cinco minutos,
inspecciona tus dedos,
cinco minutos,
reconozco que te anhelo
en un catre sucio;
donde Ares no volverá
a tocar la puerta.

 

Otra noche

“Pero esos rumores de la vida
nos llegarán por separado,
y otro será tu sol
y otra luna será mi luna.

Cuando ya no me quieras”.

Carlos Martínez Rivas, La puesta en el sepulcro.

Luna descolorida
como un acorde pálido,
me mirás entre quimeras
y acogés en lo alto
de los espacios intermitentes
al astro de las huérfanas.

Eleváme, compañera, en un rayo
que alimenta a la aprendíz
de tristezas de niña;
eleváme ante el contacto
rancio de esta alacena.

Más, no contés nada
-luna desgastada-
de la fortuna de otros mundos,
bien sabés que las olas fúnebres
traen consigo sangre púrpura
en cadáveres jamás usurpados
-recordados-.

Sin embargo,
cuando la luz canta
-no brilla en el abandono-
a una fuerza de lirios
calada en algún templo antiguo,
sos la esperada procesión de muertos
que aparecen en alambres
de otros días,
otras infancias,
sirvientas o vecinas.

Más, no prosigamos
en la patria silenciosa
contemplando lunes extranjeros
con manchas en sus velos;
ay, cráter de muchacha,
no llorés por esa luna
impregnada en otra agonía.

 

Lilith nos enseñó a volar

Las hijas de Lilith sí
tienen alas
recortadas;
deambulando como
ánimas
que han perdido
el horizonte tras callar
su voz.
Dentro de ellas se posa
la agonía
al descubrir
torsos con historias
deslucidas,
que cosen los finales
de entierros imperfectos
con golpes
en los huesos.

Otorgarles, pues,
la libertad perpetua
que desprende mechones
salpicados
de sangre,
fragmentando la iracundia
de nudillos ajenos,
o fajas de cuero;
en busca de magentas
y matices
entre desvelos por la causa
que alimenta las auras
de tantas mejillas inquietas
al vociferar
-con o sin temor-
la razón de nuestro vuelo.

Cynthia Thais Alfaro Sandoval nació el 13 de junio de 1998 en Managua; aunque su crianza tiene alma masayense. Se interesó por la escritura a los 9 años de edad al redactar finales alternativos a las historias infantiles, donde las injusticias sociales y los estereotipos no calzaban en el mundo.

Además de la literatura, sus intereses incluyen el origami, la danza, el guionismo, la lectura bien fundamentada y el activismo. Escribió y dirigió los cortometrajes “Saudade” y “Las Sombras”, actuando en este último. Igualmente, es co-creadora del poemario, sobre salud mental, Desde mi ventana.

Actualmente, cursa cuarto año de Comunicación en la Universidad Centroamericana de Nicaragua UCA; mientras dedica sus días (o noches) como redactora integral en el medio independiente Nuevas Miradas.

Sus “letras oxidadas” –como nombra a sus escritos- se basan en el Saudade, la melancolía, las dolencias propias o ajenas, el plano social de la mujer y la hechicería como acompañante idónea de las palabras; siendo estas presentadas en su blog Delirío Místico.