La gallinita ciega por Fernando Sequeira

Corretea la gallina porque sabe que no hay falta en procurar su vida. Cacarea para sentir su pescuezo, para oírse y amenazar a quien no puede ver. Y es que ella es ciega, siempre lo fue, nació invidente y por los granjeros fue acusada de torpe. “La ilusa” fue llamada, por tropezar con paredes, por caer en cuencos, por no encontrar su comida cuando ellos la escondían.

Corretea la gallina porque sabe que es su turno, porque conoce el sonido del cuchillo. Cacarea como un grito de auxilio, para unir a las masas, para alertar a sus hermanas, a aquellas que la vieron de lejos. Y es que será decapitada, ejecutada sin delito ni condena. “La siguiente” es su nombre, porque ya mataron a otras, porque ahora ella fue señalada, porque a los granjeros no les gusta su actitud.

 Corretea la gallina en busca de su pueblo. Corretea por el corral porque sabe que no está sola. Corretea para buscar, corretea para encontrar, para tantear y reconocer a los otros, y reconocerse en los otros. Y da vueltas y vueltas y más vueltas, y no encuentra a nadie. Llora a lágrima viva, a llanto sincero, no por su muerte sino por su abandono.

Ese día murió una gallina más en la finca, devorada por los grandes insensatos. Y fue solo una gallina más, una del diario morir, de las que siguieron desapareciendo mientras el pueblo observaba y evitaba en silencio, por miedo a ser atrapados y ser los siguientes.

Pero la frecuencia es imposible de ignorar, las desapariciones no son casualidad. Las gallinas se levantaron con palos y piedras contra los finqueros armados, tomaron para sí el corral, afilaron sus garras, reclamaron el derecho a su vida y no evitaron más la obviedad que significaba el peligro de los granjeros, aquellos que les prometieron alimento pero se las comían a escondidas.

Hasta el día de hoy, los niños pequeños conmemoran en ritual lúdico a la gallina ciega, pero ninguno recuerda su historia. Recordar la historia no es costumbre humana, luchar es propensión, pero guerrear por vivir es la base de la naturaleza más humana y animal, desmiente lo impuesto por el hombre y reafirma en las gallinas su propio ser. Es por esto que las gallinas combaten, se defienden y viven, y aunque los hombres del corral lo crean absurdo, las gallinas se saben capaces de abrir sus alas y emprender un vuelo extenso, no para huir, sino para sentir su libertad.

Alguna noche el espíritu de la gallina ciega volverá como ideología, y el corral será retomado por las gallinas que aran su tierra, que luchan las unas junto con las otras, que viven, comen y duermen dentro de sus fronteras. Alguna noche una verdadera gallina suplantará al granjero, y el corral será al fin justo para todo el gallinero.

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Fernando M. Bonilla (Fernando Sequeira), nacido en San José, Costa Rica, en 1993. Bachiller en Filología Española por la Universidad de Costa Rica. Estudiante de grado con énfasis en Literatura. Su incursión en el género narrativo es reciente, con dos publicaciones previas en la revista digital costarricense Arrebol. Actualmente labora para el Ministerio de Educación Pública y realiza revisiones filológicas independientes.

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