4 poemas por Cinthya Thais

Recordatorio

Los ojos en mi almohada
cumplen treinta años,
semblanzas,
amoníacos,
y habanos en la espalda;
encapsulan tiempo
entre telarañas,
gorriones de seda
ante noches de veredas
-solitarias-
al teñir papiros
con sus ayunas
y cuchillas;
a la consigna de mis sábanas
manchadas,
descoloridas,
arrugadas
por la incertidumbre
que sembraron en un llano
-intercorporal-
tras pellizcar la vía láctea
de mis miedos
y piernas destajadas,
pues, aún soy una cría
de lobos esteparios
besada en acantilados,
regurgitada en su cama;
charcos de aceras
con mi nombre en un grito
que se ahoga
por las voces capturadas
y pintadas
detrás de las pupilas
que me enjaulan
a una pseudo apatía
al encender –o apagar- tus velas.

 

Cinco minutos

Mi padre marchó
a una Guatemala ficticia,
donde los egos se disiparon
y mi carta nunca quemó.

Fumaba los aires
de mis vestidos
y a mi madre jamás sepultó
entre mañanas agónicas.

¿Cuándo volverá la sombra
que disparó a nuestro ingenuo cantar?
Pues, aún escurro sangre
entre mis torres de pulpa.

Cinco minutos,
tu condición de súbdita,
cinco minutos
y el manojo de cerillas
en la ventana;
dónde aprendí de husmeos
cuando hacían la guerra.

Desgollo sus huellas
en la vasija de plata,
incrustada en un cráneo
foráneo y latente.

¡Ay! Entre nieblas
se levanta a una acuarela
con la piel –desértica-
bordada de inquinas.

¿Dónde está la mancha
intercelular del linaje?
Pues, mi pecho impugna
tu aroma en derrame.

Cinco minutos,
inspecciona tus dedos,
cinco minutos,
reconozco que te anhelo
en un catre sucio;
donde Ares no volverá
a tocar la puerta.

 

Otra noche

“Pero esos rumores de la vida
nos llegarán por separado,
y otro será tu sol
y otra luna será mi luna.

Cuando ya no me quieras”.

Carlos Martínez Rivas, La puesta en el sepulcro.

Luna descolorida
como un acorde pálido,
me mirás entre quimeras
y acogés en lo alto
de los espacios intermitentes
al astro de las huérfanas.

Eleváme, compañera, en un rayo
que alimenta a la aprendíz
de tristezas de niña;
eleváme ante el contacto
rancio de esta alacena.

Más, no contés nada
-luna desgastada-
de la fortuna de otros mundos,
bien sabés que las olas fúnebres
traen consigo sangre púrpura
en cadáveres jamás usurpados
-recordados-.

Sin embargo,
cuando la luz canta
-no brilla en el abandono-
a una fuerza de lirios
calada en algún templo antiguo,
sos la esperada procesión de muertos
que aparecen en alambres
de otros días,
otras infancias,
sirvientas o vecinas.

Más, no prosigamos
en la patria silenciosa
contemplando lunes extranjeros
con manchas en sus velos;
ay, cráter de muchacha,
no llorés por esa luna
impregnada en otra agonía.

 

Lilith nos enseñó a volar

Las hijas de Lilith sí
tienen alas
recortadas;
deambulando como
ánimas
que han perdido
el horizonte tras callar
su voz.
Dentro de ellas se posa
la agonía
al descubrir
torsos con historias
deslucidas,
que cosen los finales
de entierros imperfectos
con golpes
en los huesos.

Otorgarles, pues,
la libertad perpetua
que desprende mechones
salpicados
de sangre,
fragmentando la iracundia
de nudillos ajenos,
o fajas de cuero;
en busca de magentas
y matices
entre desvelos por la causa
que alimenta las auras
de tantas mejillas inquietas
al vociferar
-con o sin temor-
la razón de nuestro vuelo.

Cynthia Thais Alfaro Sandoval nació el 13 de junio de 1998 en Managua; aunque su crianza tiene alma masayense. Se interesó por la escritura a los 9 años de edad al redactar finales alternativos a las historias infantiles, donde las injusticias sociales y los estereotipos no calzaban en el mundo.

Además de la literatura, sus intereses incluyen el origami, la danza, el guionismo, la lectura bien fundamentada y el activismo. Escribió y dirigió los cortometrajes “Saudade” y “Las Sombras”, actuando en este último. Igualmente, es co-creadora del poemario, sobre salud mental, Desde mi ventana.

Actualmente, cursa cuarto año de Comunicación en la Universidad Centroamericana de Nicaragua UCA; mientras dedica sus días (o noches) como redactora integral en el medio independiente Nuevas Miradas.

Sus “letras oxidadas” –como nombra a sus escritos- se basan en el Saudade, la melancolía, las dolencias propias o ajenas, el plano social de la mujer y la hechicería como acompañante idónea de las palabras; siendo estas presentadas en su blog Delirío Místico.

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