5 poemas por Jerry Alonso

Una vez escribí

Una vez escribí:

“Yo tenía una caja de madera en la que había pequeñitas almas en pena. Siempre que la abría me preguntaban que para dónde se iban los te quieros de los amores que terminan. Yo, por supuesto, les conteste: que a la mierda”.

Sin que quedaran muy convencidos con la respuesta, sonreían.

Abro la puerta

Abro la puerta. Y las gotas de sudor comienzan a circular. Los labios llenos de garbo. Mi lengua, se abre camino sin tener claro el destino, probablemente la muerte.  Las manos se deshacen. Todo sobre la cama es un inconveniente:  está seco, agreste y estéril. Pero vos, vos sos Lana del Rey, cantando West Coast en el segundo piso de un motel barato. El lugar nunca fue sustancial. Las mantas están medianamente bañadas de secreciones. Todo comienza a cambiar. En la cama, cerca de la almohada que no usamos, se hinchan decenas de semillas que revientan en hierbas y flores. Te levantas, caminas hacia el armario. Te has dado cuenta que padezco de frío. Tomas la cobija, poco te importa que me de asco. Entonces me abrigas. Y luego, te haces una con ella. La humedad ha convertido aquella habitación en un invernadero.

Entonces hiervo.

Cuando el Soundtrack de “Love” ya no me alcanza

He intentado como si nada ocurriera. Cómo quien se espanta una idea con la mano izquierda bajo la escalera. Me excito con aquellas imágenes que buscan hacerme daño.

Un martes le hice círculos al borde de un vaso de cerveza salada: ese día todo acabó.

​Hoy evito el arco iris que por ahora no me sirve de mucho. Los poemas de Oliveiro y el Soundtrack de “Love” corren la misma suerte.

Bebo, para imaginar que nunca pasó. De nada sirve: es cuando más aparece.

Ensayo entonces como matarla y lo consigo. Entre el noticiero de las siete y los gemidos de un puta gato en celo le doy muerte. Entonces busco deshacerme del cuerpo. Como un acto terrorista auto infringido lo he dejado caer de nuevo en los recuerdos. Aún esta tibio. Escucho a Lhasa de Sela. En estos menesteres soy un reincidente.

Resurge como cuando camino, como cuando enciendo la radio. Cuando abro el Facebook. Y sobre todo, cuando me lavo los dientes.  He intentado todo, creo.

Pero, no lo logro.  Hasta por algunos segundos, pensé hacerle caso a un tío y leer a Zuan Falum.

​Se ha puesto de acuerdo con este viento helado: estoy convencido que entre los dos revuelcan las tablas sueltas del tragaluz.

Tres o cuatro poemas están colgados en la cortina del baño. ¡Es ella, estoy seguro!

Mi escritorio es un basurero a cielo abierto. Admito que es posible que ocupe terapia. Bahh, no creo.

​Camino por la avenida central. Entonces me parecen las piedras más livianas.  Y el viento, el viento es un milagro que me golpea la cara.

 

De Ernesto Cardenal, barras y ratas

Cerca de las doce AM
escucho a las ratas

Corren por el cielorraso.
Se me hace imposible discriminar el número.
Balbucean.
Por un tiempo ya no las oigo más.

Cardenal en su epitafio para Joaquín Pasos

      -quien según él –

paseaba a pie por las calles de Managua:

“sin empleo, ni puesto y sin un peso”

Y que:

“solo los poetas, putas y picados
conocieron sus versos”
     /pronosticó los tratados de libre comercio.

De nuevo escucho correr a una rata
dice el periódico que un tal Roberth Zoellick
vino a Costa Rica a dar órdenes.

Debo comprar veneno para ratas
     /y esperar que se ahoguen en su propia sangre.

Probablemente un día

Probablemente un día te arrecostaras a esta pared, sobre esta banca. Como tantas otras veces miraras el rotulo del “Centro Comercial Sato” mientras esperas el bus de Puerto Viejo. Con poca luz en la mirada y sin el corazón en las manos.

Talvez. Solo talvez, recuestes la mirada sobre la espesura y te rescate las hebras desprendidas desde el cielo en el camino. Quizá alguien te espere con la ilusión calculada y te enhebre la piel. Y como ahora, huela a palo santo y a anarquía.

El día esta frio. A penas escucho el paso de los carros que nos sobrepasan.

Esa intrépida afición tuya de hacerme daño y que parezca una caricia. El clima no cambia y es fácil alucinar con este aire manchado de cumbia villera.

Aparecí cuando la libertad se tatuaba en todos tus espejos y lo siento.

jerry alonso.jpg

Jerry Alonso odia las mañanas. Especialmente cuando los gallos y los pajaritos le avisan.  Ha sido nominado al idiota del año. Ganador en varias ocasiones. Escribe sobre todo cuando está hecho mierda. Muy a menudo, por cierto. ¿Qué más…? Di no, eso sería.

 

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