3 Poemas por Jairo Hernández Murillo

Photo by Bernardo García
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TRANSEUNTE DE UNA CIUDAD QUE NO EXISTE

antes aquí había un rótulo
FRAGMENTOS DE ALUMINIO DISPARADOS COMO LUCES
edificios gestados por la contaminación lumínica que los eleva
antes decían algo los reflejos
las sombras de alguna nebulosa
que devoraban
la puerta de mi casa más cerca de mi cuello
como un sistema de muros blancos
cargado de constelaciones en la línea que divide la ciudad abandonada

el cable eléctrico se inflaba de energía
con ojos de no reconocerse en el vidrio de un auto
que antes pasaba lento como el niño del triciclo en el parque

me refugiaba en tu techo de cheiroscopio
para no oír el golpe de la desaparición inadvertida en tus ojos
en la tercera noche
al salir del laberinto antes que pudiera asfixiarme
en la pulsación de un sismo que desmoronaba las paredes

 
quizás solo he de cerrar los ojos de esta ciudad
con el vendaje de los pájaros en los árboles
cuando tenga ganas de caminar en una calle
donde antes había un rótulo:
CONECTARSE A LA MEDITACION ARTIFICIAL DE RELÁMPAGOS
DESTINADA SEÑAL QUE MORDIO AGUDA

Ella sueña en la esquina
ANTES AHÍ HABÍA UN HIDRANTE CON SU SOMBRERO DE MÚSICA POR DENTRO
ha esperado tanto alguna escena
que se ve en un cine
y se sorprende
cuando los árboles filtran los ruidos de una ciudad
no conformada en hundir su pupila sin afecto
vigilante que escupe frío al reverso de una envoltura
que le castiga lejanos recuerdos con la aceleración a la luz del universo

pulsaciones en lo alto de la torre advierten
el deterioro de las fibras de cristal
que dejan dimensiones opacas
a lo largo del paisaje
hay quienes dibujan en la espalda cercas eléctricas
que crecen empañando la tarde
donde alguien se vuelve arena negra
POLVORA
sol con aristas de osamenta
que corta el moho de una pared dormida en su lecho de perros guardianes

demasiadas casas para elegir una sola placa
y arrojar los quejidos
de la esquina
donde antes había un rótulo que señalaba una ciudad que no existe.
Carl Zeiss desciende a una gruta por primera vez

Hay trozos de la tarde que uno tiende
para esperar algún rostro
— acaso tu rostro que se devuelve
desde la línea fragmentada de un recuerdo —

a veces es el día más largo
y uno desciende a buscarte
donde despliegan tus reflejos:
angustia oceánica de portada abrumadora

quizás soy el hombre que llego a los límites del universo
sin encontrar la sombra de una hora
avizorada en la extensión de un espejo
más cerca del ojo que colisiona una mirada de aquel tiempo
en la inagotable extensión de este pasaje

el otoño es la única postura que mi frente puede tomar para pensar en ti
entonces separo el abismo
y dejo un pasadizo
para que algún resquicio de ti vuelva
y este ojos se enciendan en una llama que prende un barco nuevo

quise conocerte otra vez en otro tiempo
y tú pensabas lo mismo desde la punta del cielo
liberándote a ti misma

dijiste que volvías desde un destino
que yo desconocía
y tu regreso sacudió mi cama
como una ciudad que se derrumba al contacto del viento

asumimos el adiestramiento del profundo estrecho
y por ahí fuimos a recordar aquella costumbre de abrazar el vacío
y sentir apenas la tranquilidad
de un eco que se prolonga espontáneo.
TU ROSTRO NACIÓ de la oscuridad de una pantalla
desde el centro se dibujó tu boca
agujero negro que construyó tristezas
todo lo que se advertía
era un mar de pesares
de humores ennegrecidos de tu alma.

Tu rostro nació del color que se absorbió en tu vientre
génesis de una época del caos
donde erigiste ciudades que se proyectaron al vacío.

Tu rostro nació una mañana con el sol muerto
emitiendo fluidos negros de pesadumbre
—entendí una vez que la oscuridad te envolvía los ojos—

Te paraste en todas las direcciones
y dejaste algunas visiones aterradas de piedras de una catástrofe
—hasta aquí nos separamos—

Tu rostro nació de las profundidades abismales
de tus huesos que eran hierros forjados en muerte.

Intervine un sueño en el que me dejaste
con el rostro destruido
crujiendo en la oscuridad de tus palabras.


Jairo Hernández Murillo (1993. Nicaragua). Es Lic. en Optometría Médica. Aparece en la antología de poesía Frutos de Invierno (2010) de la Editorial Sociedad Nicaragüense de Jóvenes Escritores. Obtuvo mérito en el Concurso de poesía Altino Italia (2015) .Ha colaborado en la revista literaria Letras Raras de México. Ha participado en los talleres literarios impartidos por los poetas Anastasio Lovo en el CEN, Víctor Ruiz CILL-UNAN, Eunice Shade en CCNN, Juan Chow en INC.
Jairo Hernández Murillo (1993. Nicaragua). Es Lic. en Optometría Médica. Aparece en la antología de poesía Frutos de Invierno (2010) de la Editorial Sociedad Nicaragüense de Jóvenes Escritores. Obtuvo mérito en el Concurso de poesía Altino Italia (2015) .Ha colaborado en la revista literaria Letras Raras de México. Ha participado en los talleres literarios impartidos por los poetas Anastasio Lovo en el CEN, Víctor Ruiz CILL-UNAN, Eunice Shade en CCNN, Juan Chow en INC.

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