Pasternak Conoce a Sol por Cristina Zabalaga

Photo by Danny Zawodny
Photo by Danny Zawodny

Pasternak quiere salir con Sol, pero no se atreve a decírselo.
Para Pasternak es más fácil enumerar lo que piensa y escribirlo.
Puede ser algo como: #Amor Hoy he descubierto que te amo.
O: quiero salir contigo, ¿me querés?

Todo empezó hace un par de semanas en la playa.
Unos perros enormes con la lengua afuera corriendo por la orilla, una tarde tirado al sol, el mar, las olas medianas, una cerveza fría con papas fritas, seguida de un helado de crema y medio paquete de galletas con chocolate.
Sol llega sonriendo. No es que le sonría a él en particular, Sol sonríe en general, a sus amigas, a Pasternak, al vendedor de helados.
Sol es feliz.
Pasternak no puede creer la suerte que tiene.
Sol llega tarde a la playa.
Pasternak había llegado temprano.
Sol llega envuelta en un pareo amarillo.
Pasternak llegó con una mochila de libros y una bolsa de comida en la mano.
Sol llega con una cámara de fotos.
Pasternak camina sobre la arena.
Sol corre.
Pasternak tarda en decidirse dónde poner su toalla.
Sol se saca el pareo y lo usa para envolver la cámara antes de meterse al mar.
Pasternak no entiende cómo Sol piensa secarse al salir y está preocupado por la cámara.
Antes de enamorarse de Sol, él ya se preocupa por las cosas de ella.
Pasternak decide vigilar la cámara.
A sus amigas parece no importarles la cámara, se ponen a hablar con el vendedor de helados de espaldas al pareo. Él se sienta, alerta, dispuesto a impedir el robo de la cámara. Pasternak cree que las amigas de Sol son unas desubicadas.
Sol tarda en volver.
Pasternak se pone nervioso y le reprocha en silencio la imprudencia de haber
dejado una cámara envuelta en un pareo tirada en una playa cualquiera.
Pasternak se distrae con sus pensamientos convertidos en oraciones.
Un joven atlético impide el robo de una cámara.
Pasternak no es precisamente un joven atlético, es joven, y punto.
Muchacha morena de cabellos largos besa a un joven en la playa.
Sol tiene el cabello lacio hasta la cintura y está bronceada, no es exactamente
morena.
Dos jóvenes se besan al atardecer.
Sol todavía no aparece.
Muchacha ahogada al mediodía.
Pasternak maldice a Sol y a sus amigas.
Grupo de amigas mordidas por un dóberman con rabia.
Sol sale del mar y se acerca corriendo.
Pasternak se hace el sorprendido.
Sol le sonríe y se sienta sobre la arena muy cerca a él.
Se seca las manos con una esquina del pareo y recoge la cámara.
Saca fotos del mar, de las olas, de la puesta de sol, de ella misma. Empieza con sus
pies, luego sus rodillas, su espalda, sus lunares diminutos, su cabello mojado, sus labios pequeños y delgados.
Sol llama a sus amigas. Ellas se acercan. El vendedor de helados deja su puesto y las sigue. Sol les saca fotos a sus amigas, ellas se aproximan a la cámara, se
arreglan el cabello. Todas se ponen gafas de sol, una se sujeta el pareo, otra
abraza al vendedor de helados.
El vértigo y los calambres preceden la insolación brutal de unas muchachas taradas.
Las amigas de Sol se sientan junto a ella y Sol le alcanza la cámara de fotos al
vendedor de helados.
Desaparece un vendedor de helados con una cámara de fotos.
Ellas posan riéndose, se paran, se abrazan, corren. El vendedor de helados las
sigue con la cámara.
Algunas se lanzan al mar, otras se quedan en la orilla sin atreverse a entrar.
Muchachas mutiladas por un ataque de tiburón.
¡Sol! ¡Sol! La llaman a los gritos.
Sol desaparece detrás de una ola.
Sol sale y se acerca corriendo.
Pasternak no se atreve a mirarla de frente. Sol le salpica los cachetes con sus
cabellos. Él se estremece de frío. Ella se ríe y le pregunta si puede sacar una foto del grupo. Él asiente, se para y camina detrás de ella como hipnotizado. El
vendedor de helados se acerca a él y lo saluda como si lo conociera de toda la
vida.
Joven atlético pierde la paciencia y pisotea una cámara de fotos.
Pasternak evita mirarlo a los ojos, tampoco le responde al saludo.
Un carrito de helados incendiado en una playa cualquiera.
El vendedor de helados palmea la espalda de Pasternak antes de meterse al mar.
Una sensación de vértigo, mareos y calambres preceden la deshidratación total de un vendedor de helados en verano.
Todos corren a meterse al agua.
Medusas eléctricas invaden la costa Atlántica.
Pasternak ve a Sol a través del objetivo. La sigue con la cámara, se olvida de
disparar, ellos están tan lejos que no se dan cuenta, saludan y sonríen hacia
donde está Pasternak, Sol incluida, ahora está sonriendo para él, de eso está
seguro.
Una morena se abalanza sobre un joven atlético.
Sol es la primera en salir del mar. Pasternak la ve acercarse a través del objetivo.
Pasternak se enamora de Sol.
Un joven tímido abraza y luego besa a una muchacha feliz.
Pasternak le devuelve la cámara a Sol, y ella lo abraza por los hombros, junta con decisión su cara a la de él y sonríe.
En la foto Sol mira a la cámara y Pasternak mira a Sol. Sol le da un beso mojado
en la mejilla y desaparece con la cámara. Pasternak ya no tiene nada más que
hacer en la playa, recoge sus cosas y se va sin mirar atrás.
Al día siguiente Pasternak vuelve a la playa y se queda hasta el anochecer, Sol no aparece. Él vuelve el día que sigue, y el que sigue, y el que sigue.
Pasternak espera a Sol con la tapa de la botella de agua que Sol utilizó para
lavarse la cara. Una tapa transparente con letras azules que Pasternak lleva
donde vaya, como un amuleto de la suerte y del amor que cree haber encontrado.
Y Pasternak aparece, sin querer, en una foto que Sol ha colgado en la cabecera de su cama. En la foto están las amigas de Sol, el vendedor de helados, y de fondo la mitad de la toalla y la espalda de Pasternak.
Pasternak vuelve a ver a Sol tres semanas más tarde. Ya no hace tanto calor. Esta vez Sol no trae la cámara de fotos y tampoco el pareo amarillo. Llega sola. Se sienta sobre la arena sin mirar a Pasternak.
Después de fumar varios cigarrillos, uno detrás de otro, Sol se para, sacude su
vestido y se va.
Pasternak no se lo puede creer.
Sol no lo ha reconocido.
Joven atlético muere ahogado en una playa cualquiera.
Todo indica suicidio por #Amor.

 

Pasternak wants to go out with Solana but doesn’t have the nerve to ask her.
For Pasternak it is easier to make lists of his thoughts and write them.
It could go like this: #Love, today I realized I love you.  Or #I want to go out with you, do you love me?
Everything started a few weeks ago at the beach.
Enormous dogs with their tongues hanging out running along the shore, Pasternak lying in the sun, the ocean, medium-sized waves, a cold beer with French fries, an ice cream and half a package of chocolate cookies. Solana arrives smiling. It’s not that she smiles at him in particular, Solana smiles in general, at her friends, at Pasternak, at the ice cream vendor.
Solana is happy.
Pasternak cannot believe his luck.
Solana gets to the beach late.
Pasternak got there early.
Solana arrives wrapped in her yellow pareo.
Pasternak arrives with a backpack full of books and his lunch bag.
Solana arrives with a camera.
Pasternak walks along the sand.
Solana runs.
Pasternak can’t make up his mind where to put his towel. Solana takes off her pareo and uses it to wrap up her camera before running into the water.
Pasternak wonders how Solana will dry herself off when she gets out, and he is worried about the camera.
Before falling in love with Solana, he’s already worried about her stuff.
Pasternak decides to keep his eye on the camera.
Her friends don’t seem worried about the camera.   They chat with the ice cream vendor, their backs to the pareo. He sits down alert, ready to impede the theft of the camera.
Pasternak believes that Solana’s friends are careless.
Solana is taking a long time coming back.
Pasternak gets nervous and mentally, he reproaches her for leaving a camera wrapped up in a pareo thrown on the beach.
Pasternak distracts himself with thoughts he converts into sentences.
Athletic young man prevents theft of camera.
Pasternak isn’t exactly athletic, just young, period.
Brunette with long hair kisses young man on the beach.
Solana’s straight hair goes down to her waist, and she is tan, she isn’t exactly a brunette.
Two young people kiss at sunset.
Solana still hasn’t reappeared.
Young woman drowns at noon. 
Pasternak curses Solana and her friends.
Group of friends bitten by rabid Doberman.
Solana gets out of the ocean and runs back.
Pasternak acts surprised.
Solana smiles at him and sits down in the sand near him. She dries her hands with a corner of the pareo and picks up the camera. She takes pictures of the sea, the waves, the sunset, herself. She begins with her feet, then her knees, her shoulder, her tiny moles, her wet hair, her delicate lips.
Solana calls her friends. They gather around. The ice cream vendor leaves his cart and follows them.  Solana takes pictures of her friends, they get close to the camera, they fix their hair.  They all put on sunglasses, one ties up her pareo, another hugs the ice cream vendor.
Silly girls have vertigo and muscle cramps that precede brutal sun poisoning. 
Solana’s friends sit by her and she passes the camera to the ice cream vendor.
Ice cream vendor runs off with camera.
They pose laughing, they stand up, they hug, they run. The vendor runs behind them taking pictures.
Some jump in the water, others stay at the water’s edge not daring to get wet.
Girls mutilated by shark attack. 
“Solana!  Solana!” They are shouting.
Solana disappears behind the waves.
Solana reappears and approaches him.
Pasternak doesn’t dare look into her eyes.
She splashes his cheeks with her hair.  He feels a chill. She laughs and asks if he can take a picture of the group. He says yes and stands up and walks behind her hypnotized.  The ice cream vendor comes up and says hello as if he had known him all his life.
Athletic young man loses patience and stomps on camera.    
Pasternak avoids his eyes and doesn’t answer his greeting.
Ice cream cart burns on unknown beach.
The ice cream vendor pats Pasternak on the back before getting in the water.
Sensation of vertigo, nausea and cramps precede total dehydration of ice cream vendor.  
Everyone runs into the water.
Attack of jellyfish on Atlantic Coast.
Pasternak sees Solana in the lens.  He follows her with the camera and forgets to shoot, they are so far away that they don’t realize. They wave and smile toward where Pasternak stands, even Solana, who is smiling right at him, he’s quite sure.
Brunette pounces on athletic young man.
Solana is the first to get out of the ocean. Pasternak sees her coming back through the lens.  Pasternak falls in love with Solana.
Timid young man hugs and kisses happy girl.
Pasternak gives the camera back to Solana and she hugs his shoulders puts her faceclose to his and smiles. In the photo Solana looks at the camera,and Pasternak looks at Solana. Solana gives him a wet kiss on the cheek and runs off with the camera.
Having no reason to stay at the beach, Pasternak gathers his things and leaves without looking back.
The next day Pasternak returns to the beach and stays until nightfall. Solana doesn’t appear.
He comes back the next day and the next and the next.
Pasternak waits for Solana with the cap from the bottle of water she used to wash her face.  A transparent cap with blue letters that Pasternak carries everywhere as his lucky charm, a symbol of the love he has found.  And Pasternak appears, by chance, in a photo Solana has hanging at the head of her bed. In the photo are Solana’s friends, the ice cream vendor and in the background half of Pasternak’s towel plus his shoulder.
Pasternak sees Solana three weeks later.  It’s not as hot. This time Solana doesn’t have the camera or the yellow pareo.  She’s alone.  She sits on the sand without looking at Pasternak.
After smoking several cigarettes, one after another, Solana stands up, shakes the sand out of her red dress and leaves.
Pasternak cannot believe it.
Solana did not recognize him.
Young athletic man drowns at unknown beach.
Everything indicates suicide for #Love.

Translation by Lois Baer Barr


Cristina Zabalaga is a Bolivian and Portuguese writer, photographer and journalist based in Washington D.C. She has written the short stories book “Nombres propios” (Proper Names, Sudaquia, New York, September 2016) and the novels "Pronuncio un nombre hueco" (Calling an Empty Name) and "Cuando Nanjing suspira" (Breathing a Small Breath: An Outsider’s Guide to Nanjing). She has lived and worked in Bolivia, Spain, Germany, Belgium, Portugal and the United States. cristinazabalaga.com / cristinart.com
Cristina Zabalaga is a Bolivian and Portuguese writer, photographer and journalist based in Washington D.C. She has written the short stories book “Nombres propios” (Proper Names, Sudaquia, New York, September 2016) and the novels “Pronuncio un nombre hueco” (Calling an Empty Name) and “Cuando Nanjing suspira” (Breathing a Small Breath: An Outsider’s Guide to Nanjing). She has lived and worked in Bolivia, Spain, Germany, Belgium, Portugal and the United States. cristinazabalaga.com / cristinart.com

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